Por Wander Rafael Morales Feliz
Tenemos que comenzar a cambiar una idea que todavía está muy arraigada en nuestra sociedad: que una persona, al llegar a los 40, 50 o 60 años, comienza a perder valor para el mercado laboral.
La realidad demuestra lo contrario.
La República Dominicana tiene hoy una esperanza de vida cercana a los 76 años y continúa aumentando. La propia Oficina Nacional de Estadística proyecta que seguirá creciendo durante las próximas décadas.
Entonces debemos hacernos una pregunta sencilla:
¿Cómo podemos considerar que una persona de 50 años está demasiado vieja para trabajar, cuando estadísticamente todavía puede tener décadas de vida por delante?
Experiencia, capacidad y productividad: los criterios que importan
Una persona de 50 años no debería ser vista solamente por su edad. Debemos valorar su preparación, experiencia, capacidad física e intelectual, productividad, responsabilidad y disposición para seguir aportando.
Nuestra Constitución establece que el trabajo es un derecho y una función social, y prohíbe la discriminación para acceder al empleo.
De igual manera, el Código de Trabajo establece que está prohibida la discriminación, exclusión o preferencia basada en la edad, salvo las excepciones que establezca la propia ley por razones de protección al trabajador.
Esto nos obliga a repensar nuestras políticas laborales.
La jubilación debe ser un derecho y una opción protegida; no una sentencia que convierta automáticamente a una persona en improductiva.
Mecanismos concretos para una inclusión laboral real
Hay que crear mecanismos que permitan a quienes desean continuar trabajando hacerlo bajo condiciones adecuadas: empleos adaptados, jornadas flexibles, capacitación permanente, actualización tecnológica, modalidades de trabajo por experiencia y programas que faciliten la incorporación de trabajadores mayores de 40 y 50 años.
Incluso existe en el ámbito legislativo dominicano el antecedente de iniciativas orientadas específicamente a combatir la discriminación laboral por edad y promover la participación de personas mayores de 40 años.
El desafío también es cultural.
No podemos hablar de inclusión, dignidad y oportunidades mientras una persona con 50 años sea descartada de un proceso laboral simplemente porque alguien considera que es «demasiado mayor».
La experiencia también es capital humano
Una sociedad que obliga a sus ciudadanos a retirarse prematuramente del mercado laboral pierde conocimiento, experiencia, capacidad productiva y, muchas veces, personas que todavía tienen mucho que aportar.
Necesitamos pasar de una cultura que pregunta:
«¿Cuántos años tienes?»
a una cultura que pregunte:
«¿Qué sabes hacer, qué experiencia tienes y qué puedes aportar?»
Porque cumplir años no debería reducir nuestras oportunidades.
La edad debe ser un dato.
La capacidad debe ser el criterio.












