Nueva York.– Ismael “El Mayo” Zambada García, uno de los fundadores y líderes históricos del cartel de Sinaloa, fue condenado a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional por un tribunal federal de Estados Unidos.
La sentencia fue dictada por el juez Brian Cogan en la Corte Federal del Distrito Este de Nueva York, en Brooklyn. El magistrado también impuso contra Zambada una orden monetaria de decomiso por US$15,000 millones, cantidad estimada como parte de los beneficios obtenidos mediante sus actividades criminales.
El narcotraficante, de 76 años, se había declarado culpable en agosto de 2025 de dirigir una empresa criminal continua y participar en una conspiración bajo la legislación estadounidense contra organizaciones corruptas e influenciadas por el crimen organizado, conocida como RICO.
Casi cuatro décadas al frente del cartel de Sinaloa
Las autoridades estadounidenses responsabilizaron a Zambada de dirigir durante casi cuatro décadas una extensa red dedicada al tráfico de cocaína, heroína, metanfetamina, marihuana y fentanilo hacia Estados Unidos.
Según el Departamento de Justicia, su organización desarrolló sistemas de transporte por tierra, aire y mar, estableció redes internacionales para el lavado de miles de millones de dólares y utilizó la violencia, los asesinatos y la corrupción de funcionarios para proteger sus operaciones.
Los cargos abarcaron actividades criminales cometidas entre enero de 1989 y enero de 2024, incluyendo conspiraciones relacionadas con narcotráfico, lavado de activos, asesinatos y secuestros.
Antes de escuchar la sentencia, Zambada asumió responsabilidad por sus delitos y pidió a las nuevas generaciones rechazar la violencia y tomar un camino diferente. Su defensa solicitó que sea enviado a una instalación penitenciaria con capacidad para atender sus condiciones médicas.
El final de la generación de los grandes capos
La condena representa el cierre judicial de una etapa marcada por líderes criminales que concentraban el control de territorios, rutas internacionales, estructuras armadas y redes de corrupción.
Zambada y Joaquín “El Chapo” Guzmán construyeron el cartel de Sinaloa mediante una estructura vertical en la que ambos tomaban las principales decisiones sobre transporte, distribución de drogas, control territorial y alianzas internacionales.
“El Chapo” fue condenado a cadena perpetua en 2019 por el mismo juez que ahora sentenció a Zambada. Ambos pasarán el resto de sus vidas en cárceles federales estadounidenses.
Sin embargo, especialistas advierten que la desaparición de estos liderazgos no implica el final del narcotráfico. Las organizaciones han evolucionado hacia estructuras más fragmentadas, descentralizadas e interconectadas, capaces de continuar operando aun después de la captura o muerte de sus principales dirigentes.
Una captura rodeada de interrogantes
Zambada permaneció durante décadas fuera del alcance de las autoridades y mantuvo un perfil público considerablemente más bajo que el de “El Chapo”.
Su captura ocurrió en julio de 2024, cuando llegó en una aeronave a territorio estadounidense acompañado por Joaquín Guzmán López, uno de los hijos de su antiguo socio.
“El Mayo” aseguró posteriormente que fue engañado, secuestrado y trasladado por la fuerza. Las circunstancias exactas de la operación todavía generan interrogantes sobre la participación o el conocimiento previo de agencias estadounidenses.
A diferencia de otros líderes criminales, Zambada nunca había estado en prisión antes de su llegada a Estados Unidos.
La caída desató una guerra interna
La captura del histórico capo aceleró la división del cartel de Sinaloa entre la facción vinculada a sus familiares y seguidores, conocida como “Los Mayos”, y el grupo dirigido por los hijos de Guzmán, denominados “Los Chapitos”.
La disputa provocó una nueva ola de violencia en Sinaloa y evidenció que, pese a la caída de sus líderes históricos, la organización conserva redes logísticas, armadas y financieras capaces de mantener el tráfico internacional de drogas.
La sentencia elimina definitivamente a Zambada de la dirección del cartel, pero no resuelve el problema estructural del narcotráfico, la producción de drogas sintéticas ni la violencia vinculada al control de las rutas.
Para las autoridades estadounidenses, la condena constituye un resultado histórico. Para México, representa el final de uno de los últimos grandes capos de la vieja generación, mientras nuevos actores criminales compiten por ocupar el espacio dejado por quienes dominaron el negocio durante décadas.












