Washington.– El Departamento de Defensa de Estados Unidos evalúa no reconstruir algunas de las instalaciones militares dañadas en Oriente Medio durante meses de ataques iraníes y reconsiderar parte de su despliegue en la región, después de que la guerra expusiera la vulnerabilidad de grandes bases permanentes en el Golfo Pérsico.
Funcionarios estadounidenses citados por The Wall Street Journal señalaron que el Pentágono estudia opciones que incluyen reparar determinadas instalaciones, trasladar recursos más lejos del alcance de Irán y reducir su presencia en algunos puntos.
Hasta el momento, sin embargo, no existe una decisión definitiva sobre qué bases serían abandonadas o reconstruidas.
Daños podrían alcanzar US$15,000 millones
El Pentágono calcula que los daños sufridos por instalaciones militares estadounidenses en la región tienen un costo mínimo cercano a US$5,000 millones, según funcionarios familiarizados con las evaluaciones.
Otra estimación citada por el Wall Street Journal sitúa las pérdidas potenciales en hasta US$15,000 millones.
Estas cifras corresponden específicamente a daños en bases e infraestructura y no forman parte del cálculo general de US$47,100 millones que el Comando Central de Estados Unidos atribuye hasta mediados de octubre a operaciones, municiones utilizadas y equipos perdidos durante la guerra.
El cálculo de US$47,100 millones incluye aproximadamente US$29,000 millones para reemplazar municiones, US$11,900 millones en costos operacionales y unos US$6,000 millones por equipos perdidos o destruidos.
Investigación identifica 274 estructuras dañadas
Una investigación del Wall Street Journal identificó 274 estructuras dañadas en 24 instalaciones militares de Oriente Medio con presencia estadounidense durante los primeros seis meses del conflicto.
El medio examinó decenas de miles de imágenes satelitales tomadas entre febrero y agosto, junto con datos de incendios de la NASA, imágenes públicas y reportes iraníes.
La investigación representa uno de los recuentos públicos más amplios realizados hasta ahora, debido a que el Pentágono ha divulgado pocos detalles sobre la magnitud de los daños.
Sin embargo, el propio periódico advierte que su metodología permite identificar dónde y cuándo aparecieron daños, pero no demostrar por sí sola la causa de cada uno de ellos.
Muchas de las instalaciones son compartidas con países aliados, por lo que tampoco todos los edificios identificados necesariamente pertenecen o son utilizados exclusivamente por fuerzas estadounidenses.
AP confirma daños en más de dos docenas de bases
Una investigación independiente de Associated Press también encontró daños significativos.
AP verificó mediante imágenes satelitales y entrevistas con funcionarios regionales que más de 115 ataques con drones o misiles atribuidos a Irán o grupos respaldados por Teherán dañaron o destruyeron estructuras en 26 bases y otros emplazamientos con equipos estadounidenses hasta agosto.
El análisis encontró que los ataques inicialmente se concentraron en radares, sistemas de alerta temprana y defensas aéreas.
Posteriormente fueron alcanzados hangares, almacenes, sistemas de comunicaciones, instalaciones de combustible, alojamientos y otras estructuras.
También resultaron dañados equipos militares de alto valor, incluidos aviones y sistemas de radar.
Ataques obligaron a mover tropas
La vulnerabilidad de grandes bases fijas ya había llevado al Pentágono a trasladar personal y equipos fuera de algunas instalaciones.
Antes y durante los primeros meses de la guerra, Estados Unidos movió miles de soldados para alejarlos de objetivos conocidos.
Funcionarios estadounidenses han señalado que bases como Camp Buehring y Camp Arifjan, en Kuwait, estuvieron entre las instalaciones donde se redujo significativamente la presencia de personal debido a los ataques.
El Departamento de Defensa también estudia si una parte de sus fuerzas debería desplazarse hacia posiciones ubicadas más al oeste y alejadas de Irán.
Washington reconsidera su presencia en el Golfo
La discusión sobre las reparaciones forma parte de un debate estratégico más amplio.
El Pentágono lleva meses evaluando si mantiene el mismo modelo de grandes bases permanentes en países del Golfo después de comprobar que esas instalaciones pueden ser alcanzadas por misiles y drones iraníes.
Una evaluación conocida en agosto planteaba opciones que incluían reducir fuerzas en el Golfo Pérsico y redistribuirlas hacia Jordania, Israel, la costa occidental de Arabia Saudita u otras ubicaciones consideradas menos vulnerables.
Esas alternativas continúan bajo estudio y requerirían decisiones de alto nivel dentro de la administración estadounidense.
Kuwait y Arabia Saudita entre las opciones bajo revisión
El Wall Street Journal señala que Washington analiza el futuro de algunas posiciones en Kuwait y Arabia Saudita, países donde mantiene instalaciones estratégicas y acuerdos militares de larga duración.
En Kuwait, la guerra ha puesto bajo presión una estructura militar estadounidense construida durante décadas para servir como centro logístico de operaciones en Oriente Medio.
Los ataques han llevado tanto a Washington como a sus aliados regionales a reconsiderar si mantener grandes concentraciones de tropas y equipos continúa siendo la opción más segura.
No obstante, no existe hasta ahora un anuncio formal de retirada completa de ninguno de estos países.
EE. UU. negocia reparto de costos
Otro elemento que analiza Washington es quién pagará las reparaciones.
Muchas instalaciones son propiedad de los gobiernos anfitriones o son utilizadas conjuntamente por fuerzas estadounidenses y de países aliados.
Funcionarios citados por medios estadounidenses indican que Washington mantiene conversaciones para que los gobiernos locales asuman parte del costo de reconstrucción.
La decisión dependerá de qué edificios se reconstruyan, su propiedad y el futuro que el Pentágono asigne a cada instalación.
Solo reconstruir edificios superaría US$4,000 millones
El Wall Street Journal compartió sus hallazgos con especialistas del Center for Strategic and International Studies (CSIS).
Sus cálculos indican que reconstruir únicamente los edificios dañados identificados podría superar los US$4,000 millones.
La estimación no incluye equipos militares, sistemas electrónicos, radares, defensas aéreas ni otras capacidades instaladas dentro de esas estructuras.
Esto ayuda a explicar por qué las estimaciones globales de los daños pueden alcanzar hasta US$15,000 millones.
Guerra ya supera US$47,000 millones
El costo de las instalaciones se suma a una factura militar mucho mayor.
El Comando Central estima que la guerra con Irán había costado US$47,100 millones hasta el 16 de octubre, sin incluir la reconstrucción de las bases.
La campaña militar comenzó a finales de febrero y posteriormente derivó en meses de ataques y contraataques entre Estados Unidos, Israel e Irán.
Washington ha utilizado grandes cantidades de municiones defensivas y ofensivas, mientras Teherán ha empleado misiles y drones contra objetivos estadounidenses y aliados en la región.
Bases fijas muestran nueva vulnerabilidad
Los ataques han reabierto un debate dentro de la planificación militar estadounidense.
Durante décadas, grandes instalaciones en el Golfo permitieron a Washington desplegar rápidamente aviones, tropas, sistemas de defensa y equipos logísticos.
Sin embargo, el desarrollo de misiles balísticos y drones de largo alcance permite ahora atacar esas infraestructuras con mayor precisión y a un costo muy inferior al de los sistemas utilizados para defenderlas.
AP encontró que Irán buscó inicialmente degradar radares y sistemas de alerta antes de golpear otros objetivos dentro de las bases.
Ese patrón podría influir en el diseño de futuras instalaciones estadounidenses.
Irán mantiene capacidad de ataque
Pese a meses de operaciones estadounidenses e israelíes, funcionarios y analistas occidentales consideran que Irán conserva una capacidad significativa para producir y lanzar misiles y drones.
Imágenes satelitales muestran además trabajos de reparación en instalaciones militares iraníes afectadas durante la guerra.
Para Washington, determinar qué bases reconstruir dependerá en parte de cómo evalúe la amenaza futura y de la posibilidad de nuevos enfrentamientos.
No hay todavía una retirada decidida
Aunque algunos titulares han presentado el escenario como una posible retirada estadounidense de Oriente Medio, los planes siguen en etapa de evaluación.
Estados Unidos continúa manteniendo decenas de miles de efectivos y una amplia infraestructura militar en la región.
La discusión actual se concentra principalmente en si conviene reconstruir las bases exactamente como existían antes de la guerra o adoptar un modelo más disperso y menos vulnerable.
Por ahora, los daños provocados durante meses de ataques han convertido esa decisión en una cuestión tanto militar como financiera.













