CARDIFF.– Los principales líderes nacionalistas de Escocia, Gales e Irlanda del Norte firmaron este lunes en Cardiff una declaración conjunta que reclama al Gobierno británico “prepararse, planificar y facilitar” eventuales cambios constitucionales en las tres naciones, en una nueva señal de presión política sobre la unidad del Reino Unido.
El documento fue suscrito por John Swinney, líder del Partido Nacional Escocés (SNP); Rhun ap Iorwerth, de Plaid Cymru; y las dirigentes de Sinn Féin Michelle O’Neill y Mary Lou McDonald. Los firmantes sostienen que sus pueblos tienen derecho a decidir su futuro constitucional y que Westminster no debería bloquear procesos democráticos de autodeterminación.
Aunque Swinney, ap Iorwerth y O’Neill son actualmente primeros ministros de sus respectivos territorios, participaron en la reunión en calidad de dirigentes de sus partidos, y no como representantes de un frente institucional conjunto de los tres gobiernos.
La precisión es especialmente importante en Irlanda del Norte, donde O’Neill comparte el Ejecutivo con la vice primera ministra Emma Little-Pengelly, del unionista DUP. Por tanto, el pacto no representa una posición conjunta del Gobierno norirlandés a favor de abandonar el Reino Unido.
“Nuestros pueblos decidirán su propio futuro”
La declaración sostiene que el panorama político británico está cambiando y que, por primera vez, Escocia, Gales e Irlanda del Norte cuentan con primeros ministros pertenecientes a partidos favorables a distintos procesos de separación del Reino Unido.
“Nuestras naciones tienen derecho a la autodeterminación”, señala el texto, que añade que ningún Gobierno de Westminster debería impedir que sus habitantes decidan su futuro.
Los firmantes reconocen, sin embargo, que cada nación tiene una situación constitucional diferente y que sus respectivos procesos tendrían tiempos y mecanismos propios.
Esa diferencia es fundamental: el encuentro de Cardiff aumenta la presión política sobre Londres, pero no crea por sí mismo ningún mecanismo legal para celebrar referendos ni implica una ruptura inmediata del Reino Unido.
Escocia necesita autorización para otro referéndum
Escocia ya celebró un referéndum de independencia en 2014, cuando el 55 % votó por permanecer en el Reino Unido y el 45 % apoyó separarse.
Desde entonces, el SNP ha defendido una segunda consulta, especialmente después del Brexit, dado que una mayoría de los votantes escoceses optó en 2016 por permanecer en la Unión Europea.
El problema es jurídico.
En noviembre de 2022, la Corte Suprema del Reino Unido estableció por unanimidad que el Parlamento escocés no tiene competencia para convocar unilateralmente un referéndum de independencia porque la unión entre Escocia e Inglaterra es una materia reservada a Westminster.
El Gobierno escocés publicó nuevamente en agosto de 2026 un proyecto de ley para una consulta, pero reconoció que solo podría presentarlo formalmente cuando obtenga las competencias necesarias desde Londres.
Burnham abre una puerta, pero no promete referéndum
La presión aumentó después de que el primer ministro británico, Andy Burnham, comparara recientemente la situación escocesa con el mecanismo utilizado para determinar si debe celebrarse una consulta en Irlanda del Norte.
Sus declaraciones llevaron a Swinney a pedirle una reunión para convertir ese principio en un mecanismo legal que permita otro referéndum escocés.
Sin embargo, Downing Street ha mantenido una posición más cautelosa.
Cuando asumió el Gobierno en julio, Burnham aseguró que su prioridad sería profundizar la descentralización y atender asuntos económicos y sociales, y no impulsar nuevas consultas constitucionales.
Por tanto, no existe actualmente una autorización de Londres para un segundo referéndum escocés.
Irlanda del Norte tiene un camino jurídico diferente
La situación de Irlanda del Norte es distinta.
El Acuerdo de Viernes Santo de 1998 y la legislación británica establecen expresamente un procedimiento para celebrar una consulta sobre si Irlanda del Norte debe permanecer en el Reino Unido o integrarse en una Irlanda unificada.
El secretario de Estado británico para Irlanda del Norte debe convocar ese referéndum si considera probable que una mayoría apoyaría la reunificación. Para producirse el cambio constitucional, además, tendría que existir respaldo mayoritario tanto en Irlanda del Norte como en la República de Irlanda.
Por eso, a diferencia de Escocia o Gales, en Irlanda del Norte ya existe un mecanismo jurídico específico para cambiar de soberanía.
Una eventual consulta tampoco plantearía la creación de un Estado norirlandés independiente, sino la elección entre continuar dentro del Reino Unido o integrarse en Irlanda.
Gales tiene una situación todavía distinta
Plaid Cymru, que actualmente encabeza el Gobierno galés, defiende la independencia de Gales, pero no existe un procedimiento legal automático para convocar una consulta sobre separación.
Como ocurre con Escocia, las cuestiones relacionadas con la composición del Reino Unido permanecen bajo competencias de Westminster.
El primer ministro galés, Rhun ap Iorwerth, ha defendido que Gales se encuentra en un “viaje constitucional”, aunque ha señalado que no existe un calendario inmediato para la independencia y que cualquier decisión debe depender de la voluntad de los ciudadanos.
Dos acuerdos diferentes en Cardiff
La jornada produjo además un segundo acuerdo que no debe confundirse con el pacto independentista.
Los gobiernos de Escocia y Gales firmaron oficialmente el denominado Acuerdo de Cardiff, destinado a ampliar su cooperación en áreas como pobreza infantil, costo de vida, crecimiento económico, cambio climático, cultura y relaciones con la Unión Europea.
Ese documento es un acuerdo entre los dos gobiernos y no constituye una declaración conjunta de independencia ni incluye al Ejecutivo de Irlanda del Norte.
Paralelamente, SNP, Plaid Cymru y Sinn Féin firmaron como partidos el memorando político sobre autodeterminación.
La coexistencia de ambos documentos refleja que la reunión tuvo una doble dimensión: cooperación institucional entre gobiernos descentralizados y coordinación política entre movimientos nacionalistas.
La Unión Europea vuelve al centro del debate
Los firmantes del pacto político sostienen que el futuro de sus naciones debería estar vinculado nuevamente a la Unión Europea, después de la salida británica del bloque.
Sin embargo, los escenarios serían diferentes.
Si Irlanda del Norte votara por integrarse con la República de Irlanda, pasaría a formar parte de un Estado que ya pertenece a la UE.
Una Escocia o Gales independientes, en cambio, tendrían que negociar su relación con Bruselas y cumplir el procedimiento correspondiente para convertirse en Estados miembros; su incorporación no sería automática.
¿Está realmente cerca la ruptura del Reino Unido?
La reunión de Cardiff representa un desafío político significativo para Westminster, pero no significa que la desaparición del Reino Unido sea inminente.
Associated Press señala que el pacto aumenta la presión sobre el Gobierno británico y evidencia el crecimiento de las tensiones constitucionales, aunque cada territorio mantiene circunstancias políticas, jurídicas y electorales diferentes.
Incluso entre quienes respaldan la autodeterminación existen diferencias sobre los tiempos, las fórmulas y las condiciones necesarias para convocar consultas.
El valor inmediato del acuerdo es, por tanto, principalmente político: por primera vez, los principales partidos nacionalistas que encabezan las administraciones de Escocia, Gales e Irlanda del Norte intentan coordinar públicamente sus reivindicaciones frente a Londres.
La cuestión que queda abierta es hasta dónde responderá Westminster con más descentralización y nuevas competencias, y en qué momento —si llega a ocurrir— la presión política se traducirá en referendos capaces de redefinir las fronteras del Reino Unido.












