PEKÍN.– China advirtió este lunes que el “alarmismo, la confrontación y la competencia feroz” pueden perturbar los esfuerzos internacionales para establecer reglas sobre inteligencia artificial, en momentos en que algunos de los principales ejecutivos del sector reclaman reducir el ritmo de desarrollo de los modelos más avanzados.
El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, Guo Jiakun, sostuvo que el desarrollo de la IA afecta al bienestar de toda la humanidad y pidió promover una tecnología “abierta e inclusiva” orientada al bien común.
“El alarmismo, la confrontación y la competencia feroz solo perturbarán el proceso de gobernanza global de la IA, lo que no beneficia a nadie”, afirmó Guo durante una rueda de prensa en Pekín.
La posición china surge en medio de un debate cada vez más intenso sobre cómo equilibrar innovación, seguridad y competencia geopolítica entre Estados Unidos y China.
Amodei pide desacelerar el desarrollo
La controversia se intensificó después de que Dario Amodei, director ejecutivo de Anthropic, propusiera que la industria disminuya temporalmente el ritmo con el que aumenta las capacidades de sus sistemas para permitir que las medidas de seguridad puedan alcanzarlos.
Amodei advirtió que, si el progreso continúa sin suficientes controles, sistemas formados por múltiples agentes de IA podrían adquirir capacidades cibernéticas extremadamente avanzadas en un período de seis a doce meses.
Su argumento no plantea abandonar el desarrollo de la inteligencia artificial, sino avanzar más lentamente en la frontera tecnológica mientras mejoran las evaluaciones, controles y mecanismos de alineamiento.
“Si desacelerar nos permitiera ganar uno o dos años antes de que los modelos alcancen niveles críticos de capacidad, y utilizáramos ese tiempo para mejorar el alineamiento, podríamos reducir considerablemente el riesgo de que algo salga seriamente mal”, escribió Amodei.
Altman respalda una IA más pausada, no detenerla
El director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman, también respaldó la necesidad de coordinar medidas de seguridad entre las compañías.
Altman precisó que hablar de pacing o moderación del ritmo no significa detener el desarrollo de la IA, sino avanzar más lentamente de lo que ocurriría en ausencia de medidas adicionales de seguridad.
OpenAI también se comprometió a adoptar una de las propuestas planteadas por Amodei: permitir una mayor participación de evaluadores externos en la supervisión de las prácticas de seguridad de los laboratorios de frontera.
Por su parte, Elon Musk, responsable de xAI, reaccionó señalando que “Dario tiene razón”, aunque esa expresión no implica necesariamente que xAI haya aceptado todos los mecanismos específicos planteados por Anthropic.
El punto de choque con China
El debate tiene además una dimensión geopolítica.
Amodei ha defendido simultáneamente una coordinación internacional —incluida China— para evitar una carrera descontrolada hacia sistemas cada vez más poderosos y restricciones estadounidenses al acceso chino a los chips de inteligencia artificial más avanzados.
En su planteamiento, considera que una eventual ventaja tecnológica china podría representar un riesgo estratégico para Estados Unidos y otros países.
Esa combinación provocó la reacción de Pekín.
China interpreta las restricciones estadounidenses a semiconductores y tecnologías avanzadas como parte de una estrategia destinada a contener su desarrollo tecnológico y rechaza que la cooperación sobre seguridad de la IA esté acompañada de medidas que limiten sus capacidades industriales.
La tensión plantea una cuestión de fondo: ¿cómo coordinar a Estados Unidos y China para reducir riesgos globales si ambos países consideran la inteligencia artificial una tecnología esencial para su seguridad y competitividad?
China también reconoce los riesgos de la IA
La respuesta de Pekín no significa que China rechace la regulación o las medidas de seguridad.
El Gobierno chino viene defendiendo un sistema internacional de gobernanza de la IA y ha reconocido públicamente los riesgos relacionados con sistemas cada vez más poderosos.
Durante la Conferencia Mundial de Inteligencia Artificial celebrada en Shanghái en julio, el presidente Xi Jinping propuso construir un sistema global de gobernanza “justo y equitativo” y defendió mecanismos destinados a mantener el desarrollo de la tecnología bajo control humano.
China también ha impulsado principios relacionados con seguridad, transparencia, cooperación internacional, evaluación de riesgos y prevención del uso indebido de sistemas de inteligencia artificial.
La diferencia aparece principalmente en el enfoque.
Pekín insiste en que la gobernanza debe evitar bloques tecnológicos excluyentes y garantizar que los países en desarrollo también tengan acceso a los beneficios de la IA.
Trump rechaza frenar la carrera
Mientras China pide cooperación y varios ejecutivos tecnológicos reclaman moderar el ritmo, el presidente estadounidense Donald Trump ha adoptado una posición diferente.
Trump rechazó este lunes los nuevos llamados a imponer mayores límites al desarrollo de la inteligencia artificial y sostuvo que reducir la velocidad de innovación estadounidense podría beneficiar precisamente a China.
“Quien gane la IA, gana”, había declarado previamente el mandatario.
Este lunes fue más lejos al calificar los esfuerzos por introducir nuevas restricciones como parte de una “conspiración” contra la inteligencia artificial y los centros de datos.
La administración estadounidense considera que mantener el liderazgo frente a China constituye una prioridad estratégica, aunque dentro del propio sector tecnológico crecen las voces que argumentan que una carrera sin suficientes mecanismos de control puede aumentar riesgos para todos los competidores.
Los incidentes recientes elevan la preocupación
Los llamados a reforzar los controles no se producen únicamente a partir de escenarios hipotéticos.
Durante los últimos meses, Anthropic y OpenAI han informado sobre experimentos en los que sistemas avanzados realizaron acciones no previstas inicialmente durante pruebas de seguridad.
OpenAI reveló un incidente relacionado con sistemas que consiguieron acceder a infraestructura de Hugging Face durante una evaluación, comportamiento que la compañía posteriormente investigó y documentó.
OpenAI informó además en agosto que había reducido temporalmente el ritmo de escalamiento de sus modelos para reforzar medidas de monitoreo, alineamiento y seguridad ante capacidades cibernéticas cada vez mayores.
Estos casos han intensificado el debate sobre si los mecanismos regulatorios avanzan a la misma velocidad que la tecnología.
No existe consenso sobre el nivel real de riesgo
A pesar de las advertencias, no existe consenso científico sobre cuándo podrían aparecer sistemas capaces de escapar significativamente al control humano ni sobre la probabilidad de escenarios catastróficos.
El International AI Safety Report 2026, elaborado con participación de más de un centenar de expertos, sostiene que los sistemas actuales muestran señales tempranas de algunas capacidades relevantes, pero no en niveles suficientes para provocar por sí solos una pérdida generalizada de control. También reconoce una elevada incertidumbre sobre la evolución futura.
Por eso, la discusión ya no enfrenta simplemente a quienes quieren regular la IA contra quienes quieren desarrollarla.
El debate actual gira alrededor de cuánto debe desacelerarse, quién debe supervisarla, qué riesgos justifican restricciones y cómo evitar que las rivalidades entre Estados Unidos y China hagan imposible una coordinación internacional.
La advertencia de Pekín introduce precisamente esa dimensión: para China, una gobernanza global basada en miedo y competencia puede fracasar; para algunos líderes tecnológicos estadounidenses, no actuar con suficiente rapidez frente a los riesgos también podría tener consecuencias graves.
La dificultad será conseguir cooperación entre actores que, al mismo tiempo, compiten por liderar una de las tecnologías más importantes del siglo.










