Por Kinller Moquete
En numerosos hogares y oficinas existe un consumo que no ilumina, no enfría, no cocina y no produce un servicio visible. Ocurre mientras dormimos, mientras estamos fuera de casa o cuando creemos haber apagado los equipos. Es el llamado consumo en espera, conocido popularmente como “consumo vampiro”: electricidad utilizada por aparatos que permanecen conectados a la red, aun cuando no desempeñan su función principal.
El nombre resulta apropiado porque describe una extracción silenciosa. No vemos el gasto en el momento en que ocurre, pero lo encontramos acumulado en la factura. Televisores, consolas, decodificadores, equipos de sonido, impresoras, microondas con reloj digital, cargadores, computadoras y otros dispositivos pueden mantener luces indicadoras, sensores, memorias, receptores de control remoto o funciones de inicio rápido. Cada equipo puede demandar poco, pero la suma de muchos aparatos durante todas las horas del año convierte lo pequeño en significativo.
El Departamento de Energía de los Estados Unidos define técnicamente la potencia en espera como el consumo mínimo de un dispositivo mientras permanece conectado a la red. La existencia de normas internacionales para medirla demuestra que no se trata de un mito publicitario ni de una exageración doméstica. Es un fenómeno real, medible y, en buena parte, evitable.
Apagado no siempre significa desconectado
La vida digital nos ha acostumbrado a la disponibilidad inmediata. Deseamos que el televisor responda al control remoto, que la consola recuerde su estado, que la impresora esté lista y que cada dispositivo se actualice sin espera. Esa comodidad tiene un costo. El problema no es utilizar la tecnología, sino mantener activas funciones que no necesitamos durante largos períodos.
Por eso debemos distinguir tres estados: encendido, espera y desconexión. El botón de apagado puede llevar un aparato al modo de espera, pero no necesariamente interrumpe su consumo. Desconectarlo de la toma o cortar la alimentación mediante una regleta adecuada sí elimina la demanda, siempre que el equipo no requiera energía por razones de seguridad, conservación, comunicación o programación.
No todos los aparatos deben desconectarse indiscriminadamente. Neveras, equipos médicos, sistemas de seguridad, módems necesarios para servicios esenciales, bombas, dispositivos de respaldo y otros equipos críticos cumplen funciones continuas. La eficiencia exige criterio, no automatismos. El objetivo es identificar los consumos prescindibles y administrarlos sin comprometer la seguridad ni el funcionamiento del hogar.
Organizar la desconexión
Una buena estrategia consiste en agrupar por zonas los dispositivos que pueden apagarse juntos. En el área de entretenimiento, por ejemplo, el televisor, la consola y el equipo de sonido pueden conectarse a una regleta certificada con interruptor, siempre que se respete su capacidad. En un escritorio, la computadora, el monitor y algunos periféricos pueden organizarse de manera semejante. Así, una sola acción permite cortar varios consumos en espera.
Las regletas no deben utilizarse como una solución improvisada para equipos de alta potencia ni sobrecargarse con extensiones sucesivas. Aires acondicionados, planchas, calentadores, hornos y otros aparatos de alta demanda requieren conexiones apropiadas y deben seguir las indicaciones de seguridad del fabricante y de un técnico competente. Ahorrar energía nunca debe significar aumentar el riesgo de incendio o descarga eléctrica.
También conviene revisar las configuraciones. Muchos televisores, computadoras y consolas incluyen modos de ahorro, suspensión automática o la posibilidad de desactivar el “inicio rápido”. Programar el apagado de pantallas y equipos después de un período razonable de inactividad es una medida sencilla. Retirar los cargadores cuando ya no cumplen su función evita que permanezcan conectados indefinidamente y ayuda a mantener los espacios ordenados.

El valor económico de lo invisible
El consumo vampiro suele escapar a la atención porque no genera una experiencia directa. Si encendemos un aire acondicionado, entendemos que estamos utilizando electricidad para obtener confort. Si calentamos alimentos, reconocemos el servicio. En cambio, cuando un aparato permanece en espera, pagamos sin recibir un beneficio proporcional.
Ese principio debería preocuparnos más que cualquier estimación general. El impacto exacto varía según la cantidad, la tecnología, la potencia y el tiempo de conexión de cada equipo. Por ello, ninguna cifra única describe todos los hogares. Lo responsable es hacer un inventario propio y, si se desea mayor precisión, utilizar un medidor de consumo enchufable o solicitar orientación técnica.
El ahorro obtenido puede parecer modesto al inicio, pero tiene una virtud adicional: no exige sacrificar una actividad útil. Se elimina un gasto que no estaba aportando bienestar. Es una de las decisiones de eficiencia con menor costo y mayor facilidad de adopción.
Una metáfora de nuestra relación con los recursos
El consumo vampiro también revela una forma de descuido. Nos recuerda que el desperdicio suele instalarse no mediante grandes decisiones, sino mediante pequeñas omisiones. Dejamos conectado “por si acaso”, mantenemos encendido “porque siempre ha sido así” y postergamos la revisión porque el efecto no se ve de inmediato.
Cambiar esa conducta requiere un ritual consciente. Antes de dormir, salir de casa o cerrar una oficina, debemos preguntarnos qué necesita continuar conectado y qué puede descansar. Esa pregunta, repetida hasta convertirse en hábito, devuelve al ciudadano el control sobre una parte de su consumo.
Propongo un ejercicio: durante una noche, recorramos el hogar con las luces apagadas y observemos cuántos indicadores permanecen encendidos. Cada punto luminoso es una invitación a decidir. No todos deben desaparecer, pero ninguno debería permanecer por indiferencia.
La campaña Dominicana Eficiente nos convoca a mirar aquello que normalmente no vemos. Hagámoslo con rigor y sin alarmismo. Desconectar lo innecesario es cuidar el dinero, reducir la demanda y demostrar que la conciencia puede expresarse en gestos tan simples como retirar un enchufe de manera segura.
Recomendaciones prácticas
- Haga un inventario de televisores, cargadores, consolas, impresoras y equipos de sonido que permanecen conectados.
- Distinga entre equipos esenciales y aparatos que pueden desconectarse por varias horas.
- Utilice regletas certificadas con interruptor para grupos de equipos compatibles.
- Active los modos de ahorro y el apagado automático de pantallas y computadoras.
- Desactive funciones de inicio rápido cuando no sean necesarias.
- No sobrecargue tomas, regletas ni extensiones; respete las instrucciones del fabricante.
- Revise el hogar o la oficina antes de dormir, salir o concluir la jornada.
Cuente cuántos equipos mantiene conectados sin utilizarlos, corrija al menos tres y rete a otra familia o equipo de trabajo a hacer lo mismo.
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Nota de transparencia: Este artículo forma parte de una campaña de concientización desarrollada en apoyo a la iniciativa #DominicanaEficiente.















