Moscú. El Kremlin rechazó las referencias del presidente estadounidense, Donald Trump, sobre la capacidad de Rusia y otras potencias extranjeras para interferir en los procesos electorales de Estados Unidos.
El portavoz presidencial ruso, Dmitri Peskov, afirmó que Trump estaba citando informaciones de inteligencia “sin atribución” y “sin pruebas” y sostuvo que Rusia nunca ha intervenido en los asuntos internos de otros países.
Peskov aseguró además que las investigaciones desarrolladas por organismos de seguridad, el Congreso y la Fiscalía General estadounidense concluyeron que Moscú no había influido en las elecciones.
Esa afirmación general no coincide completamente con las conclusiones públicas de las propias autoridades estadounidenses.
Trump mencionó riesgos de varios países
Durante un discurso sobre seguridad electoral, Trump presentó documentos desclasificados y afirmó que la infraestructura estadounidense estaba expuesta a acciones de países como China, Rusia e Irán.
El mandatario no presentó pruebas de que Rusia hubiera cambiado votos en 2020, sino que se refirió a la capacidad de gobiernos extranjeros para recopilar información, desarrollar campañas de influencia o atacar infraestructuras relacionadas con las elecciones. La Casa Blanca habilitó una sección para publicar los documentos y reportes utilizados por la administración.
Las declaraciones provocaron respuestas inmediatas de Moscú y Pekín, que negaron haber intervenido en los procesos electorales estadounidenses.
Informe de 2020 no detectó votos alterados
La evaluación de la comunidad de inteligencia estadounidense sobre las elecciones de 2020 concluyó que no había indicios de que ningún actor extranjero alterara aspectos técnicos del proceso.
El informe no encontró modificaciones en registros electorales, emisión de votos, conteo de papeletas ni publicación de resultados. También indicó que una manipulación de gran escala habría sido difícil de ejecutar sin ser detectada mediante controles de seguridad y auditorías posteriores.
Esto significa que no existe evidencia pública de que Rusia cambiara directamente el resultado de las elecciones presidenciales de 2020.
Inteligencia sí documentó una campaña de influencia
La ausencia de manipulación de votos no significa que las autoridades estadounidenses descartaran toda actividad rusa.
El mismo informe concluyó, con alta confianza, que el presidente Vladímir Putin y el Estado ruso autorizaron operaciones destinadas a desacreditar a Joe Biden, favorecer las posibilidades de reelección de Trump, reducir la confianza en el sistema electoral y profundizar las divisiones políticas estadounidenses.
Las operaciones habrían utilizado medios estatales, redes sociales, intermediarios vinculados con la inteligencia rusa y personas relacionadas con Ucrania para difundir acusaciones engañosas o no comprobadas contra Biden.
Los servicios estadounidenses señalaron que, a diferencia de lo ocurrido en 2016, no observaron intentos rusos persistentes para penetrar la infraestructura electoral durante los comicios de 2020.
Influencia e interferencia no siempre significan lo mismo
Las evaluaciones de inteligencia estadounidenses distinguen entre influencia e interferencia electoral.
La influencia comprende propaganda, desinformación, filtraciones, mensajes en redes sociales y otras acciones diseñadas para modificar percepciones o preferencias políticas.
La interferencia, en una definición más técnica, implica atacar o alterar registros de votantes, sistemas de emisión de sufragios, conteos o transmisión de resultados.
Bajo esa diferencia, Estados Unidos sostiene que Rusia intentó influir en el ambiente político de 2020, pero no modificó votos ni resultados.
Investigación de 2016 confirmó acciones rusas
La investigación del fiscal especial Robert Mueller estableció que Rusia intervino en las elecciones presidenciales de 2016 principalmente mediante dos operaciones.
La primera consistió en una campaña de desinformación y redes sociales desarrollada por la Agencia de Investigación de Internet. La segunda incluyó ataques informáticos contra organizaciones del Partido Demócrata y la posterior divulgación de documentos y correos electrónicos robados.
Mueller no estableció que integrantes de la campaña de Trump conspiraran o coordinaran con el Gobierno ruso para ejecutar esas actividades. Esta conclusión sobre la ausencia de una conspiración comprobada es diferente de afirmar que Rusia no intervino.
Una investigación bipartidista del Comité de Inteligencia del Senado también examinó y documentó las medidas activas y operaciones rusas relacionadas con las elecciones de 2016.
Moscú mantiene su rechazo
El Kremlin ha negado de manera reiterada las conclusiones estadounidenses y sostiene que las acusaciones se utilizan como instrumento de confrontación política contra Rusia.
Peskov reiteró que Moscú no interviene en asuntos internos de otros Estados y espera que gobiernos extranjeros tampoco interfieran en los asuntos rusos.
La controversia vuelve así a enfrentar dos posiciones: Rusia rechaza cualquier participación, mientras los informes oficiales estadounidenses distinguen entre la inexistencia de votos manipulados y la presencia de campañas extranjeras dirigidas a influir en la opinión pública.
Los documentos disponibles respaldan que no hubo una modificación técnica comprobada de las elecciones de 2020, pero contradicen la afirmación de que todas las investigaciones descartaron por completo las operaciones de influencia rusas.










