La investigación, conducida por la doctora Berniza Calderón, profesora investigadora del INTEC, evaluó a 663 estudiantes de cinco casas de estudios superiores: INTEC, la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU) y la Universidad Tecnológica de Santiago (UTESA). La mediana de edad de los participantes fue de 20 años; el 62.3 % eran mujeres y el 37.7 %, hombres.
Los hallazgos forman parte del estudio Unisalud, presentado como base para diseñar estrategias de prevención y transformación de hábitos entre jóvenes universitarios. El consumo insuficiente de frutas y vegetales se suma a otros patrones alimentarios que los investigadores identificaron como factores de riesgo para la salud de esta población.
Refrescos, carnes procesadas y azúcares: el menú cotidiano
El 39.7 % de los estudiantes reportó consumir refrescos o bebidas azucaradas a diario. El 53.2 % dijo ingerir una o más raciones de carnes rojas o procesadas cada día, y el 50.8 % afirmó consumir productos con azúcares comerciales —como helados, galletas y bizcochos— más de dos veces por semana.
Además, el 31.5 % indicó consumir una o más raciones diarias de margarina, mantequilla o crema. Estos patrones contrastan con las recomendaciones de organismos de salud que priorizan alimentos frescos, grasas insaturadas y proteínas de origen vegetal y marino.
El estudio también midió la adherencia a la dieta mediterránea, patrón alimentario asociado a menor riesgo de enfermedades crónicas. Solo el 3.8 % de los participantes alcanzó una alta adherencia, el 49.2 % mostró adherencia intermedia y el 46.9 % se ubicó en el nivel más bajo.
Entre los indicadores que explican esa baja adherencia destacan que el 77.9 % consumía menos de dos cucharadas diarias de aceite de oliva extra virgen, el 72.2 % ingería menos de tres raciones de nueces a la semana y el 71 % consumía menos de tres raciones semanales de pescado o mariscos.
La universidad, escenario clave para cambiar hábitos
Calderón señaló que la entrada a la universidad coincide con una etapa de mayor autonomía alimentaria, marcada por el estrés académico y la falta de tiempo. El estudio advierte que muchos hábitos vinculados al riesgo de enfermedades crónicas se consolidan durante la adolescencia tardía y la adultez temprana, lo que convierte al entorno universitario en un espacio estratégico para intervenir a tiempo.
La investigación también midió carotenoides cutáneos como indicador indirecto del consumo de frutas y vegetales. Los niveles fueron significativamente más altos en hombres, en quienes realizaban al menos 150 minutos semanales de actividad física y en quienes no consumían alcohol. Los fumadores registraron niveles más bajos, al igual que quienes tenían un mayor índice de masa corporal (IMC).
Una app y un aula virtual como respuesta
A partir de los resultados, Calderón propuso el desarrollo de un Aula Virtual de Hábitos Saludables, presentada durante el evento ConectaTé Salud. La iniciativa contempla un piloto de un semestre con talleres sobre alimentación, preparación rápida de comidas, selección de opciones saludables con presupuesto limitado y lectura de etiquetas nutricionales.
El modelo incluye una aplicación móvil para el seguimiento de hábitos —alimentación, actividad física, hidratación y sueño—, con módulos educativos, recordatorios y un panel de progreso personal. Una segunda fase incorporaría gamificación con puntos, insignias y retos, y una fase posterior contempla un asistente virtual basado en inteligencia artificial para recomendaciones personalizadas.
La propuesta se basa en que las universidades concentran una población joven en un mismo entorno académico y digital, lo que facilita aplicar intervenciones preventivas antes de que las enfermedades crónicas se manifiesten.











