El exdirector de la CIA David Petraeus afirmó que las bases estadounidenses en los países del Golfo Pérsico «ya no son viables» tras los ataques iraníes, que además inutilizaron entre el 15 % y el 17 % de la capacidad de exportación de gas natural licuado de Catar.
Petraeus realizó estas declaraciones en el pódcast The Global Gambit, donde evaluó el estado actual del enfrentamiento entre Estados Unidos e Irán en Oriente Medio. El exfuncionario reconoció que la República Islámica logró preservar, a lo largo del conflicto, «una fuerza militar significativa en cuanto a drones, cohetes y misiles», lo que ha alterado el cálculo estratégico de Washington en la región.
Según Petraeus, Irán también estableció control sobre lo que describió como «un arma de perturbación masiva: el estrecho de Ormuz», una vía marítima crítica para el suministro energético mundial. Esta posición, sostuvo, representa «una enorme baza estratégica» para Teherán frente a las operaciones militares estadounidenses.
Bases reubicadas, pero la amenaza persiste
El exdirector de la CIA admitió que EE.UU. ya ha comenzado a trasladar «gran parte de los activos que antes se encontraban en los estados del este del Golfo», pero subrayó que esa reubicación no resuelve el problema de fondo: la vulnerabilidad de la infraestructura militar estadounidense ante los ataques iraníes. «Esas bases ya no son viables», reiteró.
Petraeus también recordó el impacto concreto de los ataques de represalia de las fuerzas iraníes sobre países de Oriente Medio que albergan instalaciones militares de EE.UU. Entre los daños más significativos, citó que Irán «inutilizó entre el 15 % y el 17 % de la capacidad de exportación de gas natural licuado de Catar» por un período estimado de tres a cinco años, además de afectar otras instalaciones energéticas críticas de la región.
Un pulso de voluntades entre Teherán y Washington
En ese contexto, el exfuncionario describió el conflicto como algo que «se ha convertido, evidentemente, en un pulso de voluntades entre Teherán y Washington». La caracterización refleja la incertidumbre sobre el alcance real de las operaciones militares y la dificultad de medir quién lleva ventaja en una confrontación que combina ataques directos, represalias y presión sobre rutas energéticas globales.
Desde finales de febrero, según la información disponible, las fuerzas estadounidenses e iraníes mantienen una escalada de ataques con breves pausas. Cada ofensiva de EE.UU. ha recibido una respuesta de Irán dirigida contra instalaciones militares utilizadas por Washington en la región, lo que alimenta la incertidumbre sobre el estado real y la dirección del conflicto.
Las declaraciones de Petraeus, una figura con décadas de experiencia en el mando militar y de inteligencia de EE.UU., añaden un nivel de preocupación inusual al debate sobre la viabilidad de la presencia militar estadounidense en el Golfo Pérsico, en un momento en que los daños a infraestructuras energéticas clave amenazan con repercutir en los mercados internacionales.















