Estados Unidos quiere acabar la guerra a cualquier precio por el tremendo impacto en los precios de los combustibles y la energía, que dispararon la inflación en marzo. Y ni hablar del impacto político para Trump a 6 meses de las elecciones de medio término. Irán también, porque está destruida y en bancarrota y necesita los miles de millones que tiene congelados por las sanciones y poder exportar su petróleo y gas para reconstruir su país.
Los países del Golfo Pérsico, con su infraestructura petrolera semidestruida y el cierre del estrecho de Ormuz, ponen en jaque a las monarquías árabes que tienen grandes inversiones en Estados Unidos y viceversa y pueden acabar sin agua, sin petróleo y sin inodoros de oro. Volverán a usar retretes portátiles.
Israel, o más bien Netanyahu, el patito feo de esta guerra, aceptó el cese al fuego a regañadientes, bajo presión de Estados Unidos, aunque también su infraestructura estaba siendo seriamente golpeada y su defensa diezmada.
El objetivo inicial de esta guerra, impulsada por Israel y metiendo a Estados Unidos en ella, era destruir a Irán y controlar su petróleo, eliminando el régimen terrorista de los ayatolás e instalando un gobierno democrático prooccidental con ayuda del pueblo. Estados Unidos vio este escenario como ideal (Venezuela) para joder a China, principal comprador del petróleo iraní.
La estrategia fracasó y ahora es Irán quien pone las reglas en Ormuz. ¿Las armas nucleares? Un pretexto pendejo, que nadie creyó, especialmente los países de la OTAN, que ahora Trump odia a muerte.
Después de 38 días de combates y lejos de alcanzar los objetivos iniciales, Pakistán, haciendo de tripas corazón, acerca a las partes en conflicto y logra un cese al fuego para negociar la paz. Pero el patito feo entendió que ese acuerdo no incluía su guerra contra Hizbulá e invadió el sur del Líbano.
Pero Irán jamás abrirá el estrecho de Ormuz, aun en la mesa de negociaciones, si Israel no cesa los ataques al Líbano y se retira de su territorio.
El ejército del Líbano, por su parte, debe enfrentar a Hizbulá y expulsarlo de su territorio, aunque Israel lo ayude con armas y entrenamiento. En consecuencia, el cese al fuego parece destinado al fracaso y el precio del petróleo lo dice todo, mientras la escasez comienza a sentirse en todo el mundo. J.D. Vance podría ser el próximo presidente de Estados Unidos si logra una paz duradera, incluyendo al Líbano.













