La exvicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris, criticó duramente al presidente Donald Trump tras la ofensiva militar lanzada contra Venezuela, señalando que la operación responde a intereses económicos y ambiciones geopolíticas, y no al bienestar del pueblo estadounidense ni a la estabilidad regional.
En un mensaje publicado en la red social X, Harris calificó el ataque como “ilegal e imprudente”, luego de que derivara en la captura del presidente venezolano, Nicolás Maduro, y de la primera dama, Cilia Flores.
“Ya hemos visto esta película antes. Guerras por un cambio de régimen o por el petróleo que se venden como una muestra de fuerza, pero que terminan en caos, mientras las familias estadounidenses pagan el precio”, expresó la exfuncionaria, al advertir que este tipo de acciones no fortalecen ni hacen más seguro a Estados Unidos.
Harris sostuvo que la intervención militar no está motivada por la lucha contra el narcotráfico ni por la defensa de la democracia, sino por “el petróleo y el deseo de Donald Trump de jugar a ser el hombre fuerte de la región”.
En ese contexto, cuestionó al mandatario por, a su juicio, actuar de manera contradictoria al indultar a un narcotraficante condenado y, al mismo tiempo, ignorar a la oposición venezolana, mientras busca acuerdos con sectores cercanos al chavismo. Sus declaraciones aludieron al reciente indulto concedido al expresidente hondureño Juan Orlando Hernández.
La exvicepresidenta también advirtió que la ofensiva pone en riesgo a las tropas estadounidenses y genera un escenario de mayor desestabilización en América Latina, sin una estrategia definida, un plan de salida claro ni beneficios tangibles para Estados Unidos.
Harris concluyó que el país necesita un liderazgo que priorice a las familias trabajadoras, respete el estado de derecho, fortalezca las alianzas internacionales y coloque al pueblo estadounidense en el centro de las decisiones de política exterior.
La crítica se produce tras un ataque militar estadounidense a gran escala en territorio venezolano, que, según el Gobierno de Caracas, afectó a la capital y a los estados Miranda, La Guaira y Aragua, dejando víctimas entre civiles y militares.
Las autoridades venezolanas calificaron la operación como una “gravísima agresión militar” y denunciaron que su objetivo sería el control de los recursos estratégicos del país, especialmente el petróleo y los minerales.
Tras la detención de Maduro, que Caracas definió como un “secuestro”, el Tribunal Supremo de Justicia ordenó que la vicepresidenta Delcy Rodríguez asumiera de forma provisional la Presidencia. El mandatario y la primera dama permanecen detenidos en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, en Nueva York, a la espera de juicio por múltiples cargos federales.
















