MOSCÚ.– El Kremlin advirtió este domingo que el rápido deterioro de la situación en Yemen representa un riesgo de mayor escalada regional y podría generar consecuencias importantes para la economía mundial, especialmente por la creciente presión sobre el estrecho de Bab el Mandeb, una de las rutas marítimas más estratégicas para el comercio y el transporte de petróleo.
El portavoz presidencial ruso, Dmitri Peskov, sostuvo que la situación se encuentra “desestabilizada del modo más grave” y afirmó que Moscú seguirá de cerca su evolución.
“Será algo muy serio para todos, y serio en sentido negativo”, declaró Peskov al referirse a las posibles consecuencias económicas.
El Gobierno ruso atribuye el actual deterioro regional a la ampliación del conflicto con Irán. Esa explicación corresponde a la posición política de Moscú y no resume por sí sola las causas de la nueva escalada yemení, que también responde a la reactivación de una guerra civil que permanecía parcialmente contenida desde la tregua de 2022.
Yemen entra en una nueva fase de la guerra
La advertencia rusa coincide con una rápida ofensiva de los hutíes, también conocidos como Ansar Allah, sobre la costa occidental de Yemen.
El grupo tomó esta semana la estratégica ciudad portuaria de Mokha, mientras las fuerzas del Gobierno yemení reconocido internacionalmente se retiraron y comenzaron a reagruparse.
La ofensiva ha llevado a los hutíes todavía más cerca de Bab el Mandeb, el estrecho que comunica el mar Rojo con el golfo de Adén y, a través del canal de Suez, conecta una de las principales rutas comerciales entre Europa y Asia.
La ONU ya había advertido el 10 de septiembre que Yemen entraba en una fase significativamente más peligrosa. El enviado especial Hans Grundberg señaló ante el Consejo de Seguridad que el riesgo de un retorno al conflicto a gran escala, advertido un mes antes, se había convertido en realidad.
¿Por qué Bab el Mandeb preocupa a la economía mundial?
La importancia de Yemen trasciende sus fronteras debido a su ubicación junto a una de las principales vías marítimas del planeta.
Bab el Mandeb conecta el océano Índico y el golfo de Adén con el mar Rojo, el canal de Suez y posteriormente el Mediterráneo.
Su relevancia energética aumentó todavía más durante 2026 debido a las fuertes restricciones que han afectado al estrecho de Ormuz.
La Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA) estima que durante el segundo trimestre de 2026 circularon por Bab el Mandeb alrededor de 8.1 millones de barriles diarios de petróleo y productos líquidos, frente a 5.4 millones diarios en el último trimestre de 2025.
El incremento se produjo, entre otras razones, porque Arabia Saudita redirigió más crudo hacia el mar Rojo para reducir su dependencia de Ormuz.
Ese cambio convirtió a Bab el Mandeb en una pieza todavía más importante para el suministro energético internacional.
El riesgo de tener dos rutas petroleras bajo presión
La preocupación económica aumenta porque el deterioro en Yemen ocurre mientras el tráfico petrolero por Ormuz permanece muy por debajo de los niveles previos al conflicto.
Según la EIA, los flujos de petróleo por Ormuz bajaron a aproximadamente 4.9 millones de barriles diarios durante el segundo trimestre de 2026, después de promediar 21.6 millones en el cuarto trimestre de 2025.
Al mismo tiempo, Bab el Mandeb absorbió una mayor proporción de los envíos.
Eso significa que una interrupción importante en el estrecho situado junto a Yemen podría afectar una de las principales rutas alternativas utilizadas para compensar las dificultades en el golfo Pérsico.
Los barcos todavía podrían rodear África por el Cabo de Buena Esperanza, pero esa alternativa incrementa considerablemente las distancias, el tiempo de viaje, el consumo de combustible y los costos de transporte. La EIA estima que determinados desvíos pueden añadir alrededor de 15 días a los viajes entre el mar Arábigo y Europa.
Hutíes vuelven a atacar Arabia Saudita
La escalada ya no se limita al territorio yemení.
Los hutíes han reivindicado nuevos ataques con misiles y drones contra Arabia Saudita, mientras avanzan sobre posiciones estratégicas de la costa del mar Rojo.
Durante la última semana, ataques contra instalaciones saudíes provocaron incendios y decenas de heridos, aumentando la preocupación sobre la seguridad de las infraestructuras energéticas de la región.
La situación se agravó además después del ataque al oleoducto saudí Este-Oeste, una infraestructura fundamental para transportar petróleo hacia el mar Rojo evitando Ormuz.
Todo ello está colocando simultáneamente bajo presión las rutas terrestres y marítimas utilizadas para sostener las exportaciones energéticas saudíes.
Crece también la crisis humanitaria
El riesgo económico no es la única consecuencia.
La renovada ofensiva ha provocado desplazamientos masivos dentro de Yemen y amenaza con reactivar plenamente una guerra civil que ya dejó una de las mayores crisis humanitarias del mundo.
Associated Press reportó este domingo que al menos 85,000 personas han sido desplazadas desde comienzos de septiembre, mientras aumentan los combates y los movimientos de población hacia zonas consideradas más seguras.
La toma de Mokha también ha provocado nuevas salidas de civiles de comunidades ubicadas sobre la costa occidental.
Rusia observa, pero no anuncia una iniciativa concreta
Peskov indicó que Rusia continuará evaluando la situación y subrayó que la prioridad debería ser evitar una escalada mayor.
“Veamos cómo evolucionará la situación”, manifestó.
Hasta ahora, el Kremlin no ha anunciado una iniciativa específica relacionada con Yemen como resultado de esta nueva ofensiva.
La posición rusa se suma a los llamados internacionales para impedir que el conflicto vuelva plenamente a los niveles registrados antes de la tregua de 2022.
Más allá de las distintas interpretaciones políticas sobre las causas de la escalada, existe un riesgo económico verificable: Bab el Mandeb se ha vuelto todavía más importante para el petróleo mundial precisamente cuando otra de las grandes rutas energéticas, el estrecho de Ormuz, atraviesa graves dificultades.
Si la inseguridad obliga nuevamente a los grandes operadores marítimos a abandonar la ruta del mar Rojo, los efectos podrían trasladarse a costos de transporte, seguros, petróleo, mercancías y cadenas de suministro internacionales.











