Pekín, China.– El Ministerio de Defensa de China rechazó el nuevo Libro Blanco de Defensa de Japón y acusó a Tokio de exagerar la denominada “amenaza china” para justificar el fortalecimiento de sus Fuerzas de Autodefensa y la ampliación de sus capacidades militares.
El portavoz chino Chen Xi afirmó que el documento contiene “narrativas falsas” y comparó la posición japonesa con la expresión “un ladrón grita: ‘¡Detengan al ladrón!’”. La frase constituye una acusación retórica de Pekín y no una descripción objetiva de las políticas japonesas.
Japón señala a China como principal desafío estratégico
El Libro Blanco Defensa de Japón 2026, presentado el martes al Gobierno japonés, identifica las actividades militares de China como el mayor desafío estratégico para la seguridad del país.
El documento menciona el incremento de operaciones navales y aéreas chinas en el Pacífico, el mar de China Oriental y los alrededores de Taiwán. También sostiene que el equilibrio militar entre China y Taiwán se desplaza rápidamente a favor de Pekín.
Japón expresa además preocupación por la cooperación militar entre China y Rusia, el desarrollo de misiles norcoreanos y la utilización creciente de drones, inteligencia artificial y sistemas no tripulados en los conflictos contemporáneos.
Pekín advierte sobre un “nuevo militarismo”
Chen Xi sostuvo que Japón está aumentando progresivamente su presupuesto de defensa, desarrollando capacidades de ataque de largo alcance y promoviendo su industria militar como parte de la economía nacional.
El portavoz aseguró que esas medidas representan un “nuevo tipo de militarismo” y un desafío para el orden internacional establecido después de la Segunda Guerra Mundial. Esa valoración corresponde a la posición oficial del Gobierno chino.
China también acusó a Japón de utilizar una política aparentemente defensiva para revisar sus documentos de seguridad, flexibilizar las restricciones sobre la exportación de armamento e incorporar la preparación militar a sus instituciones e industrias.
Tokio defiende fortalecimiento de sus capacidades
El Gobierno japonés sostiene que sus nuevas inversiones responden al deterioro del entorno de seguridad regional y a la necesidad de adaptarse a formas de guerra observadas en Ucrania y Oriente Medio.
El plan japonés contempla ampliar el uso de drones de combate, sistemas con inteligencia artificial, misiles de mayor alcance y tecnologías destinadas a reforzar la vigilancia y defensa de sus islas. Tokio también busca revitalizar su industria militar y reducir su dependencia de proveedores extranjeros.
Japón mantiene que esas capacidades tienen una finalidad disuasoria y defensiva. Pekín, en cambio, considera que algunas armas de largo alcance superan las necesidades de defensa exclusiva y podrían otorgar a Tokio capacidad para atacar objetivos en otros territorios.
Taiwán vuelve al centro de las tensiones
La situación de Taiwán constituye uno de los principales puntos de disputa. Japón considera que la estabilidad del estrecho es fundamental para su seguridad, debido a la cercanía geográfica de sus islas y a la importancia de las rutas comerciales de la región.
China sostiene que Taiwán forma parte de su territorio y que ningún Gobierno extranjero tiene derecho a intervenir. Tras la publicación del Libro Blanco, el Ministerio de Exteriores chino presentó una protesta diplomática y exigió a Tokio retirar sus señalamientos sobre la isla.
Una disputa marcada por la historia
Pekín relaciona el actual fortalecimiento militar japonés con la historia de invasiones y ocupaciones ejecutadas por Japón durante la primera mitad del siglo XX.
Tokio adoptó después de la Segunda Guerra Mundial una Constitución pacifista y creó unas Fuerzas de Autodefensa formalmente limitadas a proteger el territorio. Sin embargo, sucesivos gobiernos han ampliado gradualmente la interpretación de esas restricciones y autorizado nuevas capacidades, cooperación militar y operaciones de defensa colectiva.
El intercambio muestra dos interpretaciones opuestas sobre la seguridad regional: Japón presenta su expansión defensiva como respuesta al crecimiento militar chino, mientras Pekín acusa a Tokio de utilizar las tensiones para abandonar progresivamente las limitaciones establecidas después de la guerra.












