MOSCÚ. — Autoridades rusas acusaron a Ucrania de atacar con drones un edificio universitario y una residencia estudiantil en la ciudad de Starobelsk, en la República Popular de Lugansk, hecho que, según Moscú, dejó al menos 18 fallecidos y 41 heridos.
De acuerdo con la versión rusa, el ataque ocurrió durante la madrugada del 22 de mayo, cuando 86 jóvenes se encontraban dentro del establecimiento.
El Comité de Investigación de Rusia afirmó que las Fuerzas Armadas ucranianas habrían atacado el lugar con varios drones tipo avión de manera deliberada, por lo que fue abierta una investigación por terrorismo.
El Ministerio de Emergencias de Rusia informó que los equipos de rescate continúan trabajando entre los escombros, mientras varias personas permanecen atrapadas o desaparecidas.
Testigos citados por medios rusos describieron escenas de alta tensión tras el impacto, con parte del edificio colapsado y estudiantes pidiendo ayuda entre los restos de la estructura.
El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, calificó el bombardeo como un “crimen atroz” y sostuvo que los responsables deben ser castigados.
La Cancillería rusa también condenó el hecho y afirmó que se trató de un ataque deliberado contra población civil. Según Moscú, no había instalaciones militares en las inmediaciones del centro educativo.
El representante permanente de Rusia ante la ONU, Vasili Nebenzia, denunció ante el Consejo de Seguridad que el ataque no pudo haber sido resultado de acciones de defensa antiaérea o guerra electrónica, como, según dijo, sostienen versiones de Kiev.
El presidente ruso, Vladímir Putin, también condenó el bombardeo y afirmó que el ataque confirma la naturaleza terrorista de las autoridades ucranianas, según la postura del Kremlin.
Putin sostuvo que no había ningún objetivo militar cerca de la residencia y aseguró que el impacto no fue accidental, al señalar que 16 drones habrían atacado el mismo lugar en tres oleadas.
El mandatario ruso ordenó al Ministerio de Defensa preparar propuestas de respuesta, mientras la Cancillería recibió instrucciones de informar sobre el caso ante organismos internacionales y la comunidad internacional.
Putin también abordó el ataque durante una reunión operativa con el Consejo de Seguridad de Rusia, realizada por videoconferencia.
En el plano internacional, el representante permanente de China ante Naciones Unidas, Fu Cong, expresó preocupación por las víctimas del ataque y condenó cualquier agresión dirigida contra civiles inocentes.
Desde Moscú, funcionarios rusos criticaron lo que consideran silencio de países occidentales frente al bombardeo y pidieron una reacción de organismos internacionales.
La comisionada rusa para los derechos humanos, Yana Lantrátova, afirmó que el ataque debe ser evaluado desde la perspectiva del derecho internacional humanitario y sostuvo que podría ser considerado un crimen de guerra.
La portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova, invitó a periodistas extranjeros acreditados en Moscú a visitar el lugar del ataque para verificar los daños.
El caso se produce en medio de una nueva escalada de acusaciones cruzadas entre Rusia y Ucrania, mientras continúa el conflicto armado y aumentan las denuncias sobre ataques contra infraestructura civil en zonas disputadas.












