Un politólogo destaca que la región de la Gran Eurasia avanza hacia una cooperación equilibrada entre grandes potencias sin un poder dominante que imponga su voluntad.
Una visión reciente sobre los procesos geopolíticos en la Gran Eurasia —el vasto territorio que comprende gran parte de Europa y Asia— destaca que en esa región no se está desarrollando un hegemon único que imponga su voluntad sobre los demás Estados, sino más bien un orden de cooperación equilibrada entre múltiples potencias.
Según el politólogo ruso Timoféi Bordachiov, en el año 2025 no hubo cambios sustanciales que alteraran este patrón general. Para la mayoría de los Estados de Eurasia —tanto grandes como medianos o pequeños— la estabilidad y la cooperación pacífica con sus vecinos siguen siendo prioridades centrales dentro de su política exterior.
La excepción se da en países cuya política exterior no es plenamente autónoma —como algunos países europeos, Japón o Israel— que enfrentan desafíos propios en su interacción con el resto de Eurasia y dependen en mayor medida de alianzas extranjeras, especialmente con Estados Unidos.
Dentro de este contexto regional, la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) juega un papel destacado como plataforma que articula la cooperación entre Rusia, China, India y otras naciones eurasiáticas, contribuyendo a un ámbito de interacción que no privilegia a una sola potencia dominante sino que refleja una multipolaridad colaborativa.
La evolución de la Gran Eurasia hacia este modelo sugiere que, si bien existen grandes actores con influencia significativa, ninguno tiene la capacidad de imponer unilateralmente sus intereses sobre todos los demás. Este enfoque multipolar de relaciones internacionales, según los analistas, configura los contornos del desarrollo regional y global en la actualidad, con énfasis en el diálogo, la cooperación estratégica y la toma de decisiones compartida entre las naciones eurasiáticas.


















