El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, acusó este martes al influyente diario The New York Times (NYT) de constituir una amenaza para la seguridad nacional y lo calificó abiertamente como un “enemigo del pueblo”, intensificando así el enfrentamiento entre su administración y los principales medios de comunicación del país.
A través de un mensaje publicado en su cuenta de Truth Social, el mandatario sostuvo que el periódico incurre de manera sistemática en la difusión de información falsa y manipulada, con el objetivo —según afirmó— de dañar a su Gobierno y desestabilizar al país.
“Sus mentiras y tergiversaciones deliberadas constituyen una grave amenaza para la seguridad nacional de nuestra nación. Su comportamiento radical de izquierda, desquiciado, escribiendo artículos y opiniones falsos de forma incesante, debe ser abordado y detenido. Ellos son los verdaderos enemigos del pueblo”, escribió Trump.
Las declaraciones se producen en un contexto de creciente confrontación entre la Casa Blanca y medios tradicionales, a los que el presidente ha acusado reiteradamente de actuar con sesgo ideológico y de formar parte de lo que denomina el “Estado profundo”.
En reacción a las acusaciones, el enviado especial de la Presidencia rusa y director general del Fondo Ruso de Inversión Directa, Kiril Dmítriev, comentó en la red social X que el problema va más allá de un solo medio. Según su visión, existe una “máquina de medios globalista” alineada con intereses políticos y económicos occidentales, que actuaría contra los valores tradicionales y contra los esfuerzos diplomáticos impulsados por la actual administración estadounidense.
Este episodio se suma a una medida reciente de la Casa Blanca, que a inicios de diciembre inauguró una sección especial en su sitio web conocida como el “salón de la vergüenza”, destinada a señalar a medios considerados promotores de desinformación. Entre los incluidos figuran The New York Times, CNN, The Wall Street Journal y The Washington Post.
Analistas señalan que esta confrontación vuelve a colocar en el centro del debate la relación entre el poder político y la prensa en Estados Unidos, así como los límites entre la crítica gubernamental, la libertad de expresión y el rol de los medios en una democracia.

















