Por Arismendi Díaz Santana
De los 1,319.7 billones de pesos del patrimonio acumulado por el sistema de capitalización individual (SCI), los trabajadores sólo han aportado 263.4 billones (20.0%) y sus empleadores otros 555.4 billones (42.1%) para un total de 818.8 billones (62.0%). Los restantes 500.9 billones (38.0%) corresponden a las utilidades acumuladas por las inversiones del fondo.
Los 23 años de vigencia del Seguro de Vejez Discapacidad y Sobrevivencia (SVDS) demuestran que por cada 100 pesos acumulados, el trabajador y su empleador solo aportaron 62 pesos obteniendo utilidades por 38 pesos. Con los años esta relación está cambiando rápidamente: ya en el 2025 los aportes fueron sólo el 38% y las utilidades el 62%.
Un aumento exponencial gracias a que el sistema de capitalización individual nunca toca el ahorro reinvirtiéndolo año tras año y década tras décadas acelerando su acumulación. Esta característica constituye la diferencia principal con el sistema público de reparto, el cual en su etapa inicial también capitaliza pero luego elimina su capacidad de ahorro.
En su etapa avanzada, el sistema público paga las pensiones con los aportes de los afiliados, por lo que su sostenibilidad depende de un crecimiento mayor de los cotizantes que de los pensionados. El problema es que, la reducción de la natalidad y el aumento de la esperanza de vida invierten el proceso: los pensionados crecen más que los cotizantes, obligando a consumir los ahorros y a utilizar los aportes para pagar las pensiones.
Si el reparto público hubiese recibido los 818.8 billones de aportes, ya los estaría utilizando para pagar las pensiones, eliminando así la capacidad de ahorro y la oportunidad de obtener los 500.0 billones de utilidades. Una pérdida que se convierte en un costo fiscal que crece y crece más rápidamente que el producto interno bruto del país.
En el 2000, antes de la Ley 87-01, ya el sistema de pensiones de entonces tenía una deuda equivalente al 55.1% del producto interno bruto (PIB). Ese pasivo se originó en las obligaciones no financiadas correspondientes a los tres principales componentes que conformaban el sistema. CREES, Diario Libre, 10 de septiembre.
Ningún sistema de retiro universal será sostenible a largo plazo eliminando la capacidad de ahorro, inversión y acumulación
Las transformaciones demográficas, los cambios en el mercado laboral, el aumento de la esperanza de vida y la revolución tecnológica y la IA, obligan a ambos sistemas a adaptarse a esa nueva realidad. Ahora la tendencia mundial es a combinar la solidaridad social del reparto con la capacidad acumulativa de la capitalización individual. Muchos países están optando por sistemas multipilares: un primer pilar de reparto, un segundo de capitalización individual y un tercero de ahorro voluntario para el retiro.
Europa está transitando hacia esquemas de ahorro individual con cuentas que registran los aportes y las utilidades de cada trabajador. Noruega, Grecia, Países Bajos, Dinamarca, Canadá, México y China ya cuentan con modalidades de capitalización individual compatibles con la solidaridad social a favor de los más necesitados.
Estas reformas y transformaciones tienden a reducir la creciente carga fiscal de los sistemas públicos de reparto. Por ejemplo, el cálculo de las pensiones dejó de ser sobre el último salario evolucionando hacia el promedio salarial de los últimos 15 y hasta 20 años, un avance hacia modelos basados en el esfuerzo individual.
En el país tenemos la ventaja de contar con una capitalización individual con un Fondo de Solidaridad Social de reparto similar al primer pilar. La Fundación Seguridad Social para todos (FSSPT) ha propuesto elevar la cotización para aumentar la pensión general y multiplicar dicho fondo a fin de garantizar una pensión adecuada a todos los trabajadores con aportaciones insuficientes. Las propuestas excluyentes del sistema de capitalización individual son puramente ideológicas y no se corresponden con las grandes transformaciones de la humanidad, ni con las tendencias de las principales naciones del mundo. El gran reto del país consiste en una reforma previsional que, al mismo tiempo, fortalezca la capitalización individual y la solidaridad social.
Artículo de opinión por Arismendi Díaz Santana
ADS/656/17/09/2026












