La propuesta forma parte del estudio Hacia biorrefinerías oceánico-terrestres adaptables al clima: integración de algas y residuos agrícolas para bioeconomías circulares, desarrollado en el marco del proyecto ResAgroSargazo, financiado por el Ministerio de Relaciones Exteriores y de Europa de Francia a través de su embajada en República Dominicana y coordinado por INTEC. El equipo de autores integra investigadores del INTEC, instituciones de la red SARGARD y centros de investigación de Francia.
El investigador principal del estudio, Ulises Jauregui-Haza, profesor del Área de Ciencias Básicas y Ambientales del INTEC, identificó como punto de partida uno de los mayores obstáculos para industrializar el sargazo: su disponibilidad varía de forma considerable a lo largo del año.
«La razón fundamental para mí es ese temor a desarrollar una industria para una sola materia prima que es variable en tiempo y en volumen», afirmó Jauregui-Haza.

Una biorrefinería que cambia de materias primas según la temporada
Para superar esa limitación, los investigadores proponen una biorrefinería multibiomasa capaz de ajustar las materias primas que procesa según su disponibilidad. Durante los meses de mayor llegada de sargazo a las costas dominicanas, las plantas operarían con una proporción más alta del alga. Cuando los arribazones disminuyan, aumentaría el uso de residuos agrícolas.
Jauregui-Haza destacó los residuos de caña de azúcar como la alternativa más complementaria al sargazo en República Dominicana, dada la compatibilidad entre sus ciclos de disponibilidad. El estudio también evalúa el potencial de residuos de coco, café y cacao.
Este esquema de operación flexible permitiría reducir la dependencia de una biomasa estacional y mantener una cadena de producción más continua y económicamente viable.
Del alga al producto: cómo funciona la biorrefinería propuesta
El modelo se basa en el principio de aprovechar sucesivamente los distintos componentes de la biomasa en lugar de destinarla completa a un solo producto. En una primera etapa se recuperarían compuestos de mayor valor presentes en el sargazo, con posibles aplicaciones en cosmética, agricultura y textiles.
La fracción fibrosa restante podría destinarse a la fabricación de paneles y filtros, o someterse a procesos termoquímicos para generar biogás, gas de síntesis, biocarbón, carbón activado y energía eléctrica o térmica.
«La refinería ideal tiene que ser aquella en la que primero se saque todo lo que tiene valor», sostuvo el investigador.
El estudio evaluó rutas de procesamiento bioquímicas, termoquímicas e híbridas, incluyendo digestión anaerobia, hidrólisis enzimática, pirólisis y licuefacción hidrotermal.
Impacto ambiental y costos estimados
Los análisis del estudio proyectan que los sistemas híbridos podrían reducir hasta un 35 % las emisiones de gases de efecto invernadero en comparación con instalaciones que utilizan una sola materia prima. Además, procesar conjuntamente sargazo y residuos lignocelulósicos —los que conforman las paredes celulares de las plantas— disminuyó alrededor de un 22 % la concentración de cenizas, lo que mejora la estabilidad de los reactores y reduce problemas técnicos asociados al alto contenido mineral del sargazo.
El análisis técnico-económico situó los costos de procesamiento entre US$ 120 y US$ 150 por tonelada de biomasa bajo las condiciones tecnológicas evaluadas.
El camino al escalamiento: financiamiento y regulación
Las tecnologías evaluadas se encuentran en nivel de madurez TRL 4, es decir, validadas en condiciones de laboratorio. El siguiente paso, según los investigadores, es avanzar hacia instalaciones piloto que demuestren el funcionamiento continuo a mayor escala.
Jauregui-Haza señaló que ese avance requerirá financiamiento, participación del sector privado y un marco regulatorio estable que brinde seguridad para invertir en la recolección y transformación del sargazo. Un entorno normativo claro también cambiaría la percepción del alga: dejaría de verse únicamente como un problema costero para convertirse en una materia prima con valor económico.
El estudio concluyó que combinar algas y residuos agrícolas puede contribuir al aprovechamiento de recursos, la reducción de impactos ambientales y el desarrollo de nuevas cadenas de valor en República Dominicana, aunque su escalamiento dependerá de avances tecnológicos, evaluación ambiental, regulación y financiamiento.

















