Durante un panel sobre el impacto económico de la inacción frente al cambio climático, Meléndez señaló que las intervenciones humanas en las zonas de nacimiento de los ríos —incluyendo tanto ciertos cultivos como la extracción de arena— alteran el equilibrio de los ecosistemas fluviales y reducen la capacidad de los embalses para abastecer a la población. «Nuestros ríos están secando», afirmó el especialista.
El investigador planteó que las decisiones sobre uso del suelo en las cuencas altas deben incorporar sus efectos sobre la conservación del agua, considerando que estas zonas regulan la escorrentía, favorecen la infiltración y protegen los suelos que alimentan ríos y presas en toda la geografía nacional.
Presas bajo presión y reservas en descenso
Meléndez indicó que varias presas dominicanas se encuentran por debajo del 50 % de su capacidad de almacenamiento. Citó como ejemplo la presa de Valdesia, en la provincia Peravia, que registra un nivel del 60 %, y alertó sobre la sedimentación acumulada en la presa de Tavera, en Santiago, cuya magnitud aún no ha sido cuantificada.
El especialista advirtió que la reducción de reservas, combinada con la falta de precipitaciones y los efectos del cambio climático sobre los patrones de lluvia, podría agravar las dificultades para garantizar el abastecimiento de agua a la población, la agricultura y otras actividades productivas.
Como parte de sus propuestas, Meléndez planteó explorar alternativas a las grandes presas mediante sistemas de pequeños embalses distribuidos en cursos de agua de menor tamaño, como estrategia adaptada a las condiciones específicas de cada territorio.
Investigación e índice de aprovechamiento hídrico
El investigador informó que desde el ámbito de la ingeniería se trabaja en el desarrollo de un índice de aprovechamiento de los recursos hídricos de República Dominicana. Esta herramienta buscaría evaluar el uso real del agua disponible y aportar información para una planificación más eficiente.
Meléndez sostuvo que la gestión integral de las cuencas debe ocupar un lugar central en las políticas de agricultura, conservación ambiental e infraestructura hídrica, con el propósito de reducir la vulnerabilidad del país y garantizar la disponibilidad del recurso para las próximas generaciones.
La advertencia del especialista del INTEC se produce en un contexto marcado por la presión creciente sobre los embalses nacionales, la acumulación de sedimentos en las presas y la incertidumbre sobre los patrones de lluvia asociada al cambio climático.














