Bruselas.– El nuevo acuerdo entre los presidentes Donald Trump y Vladímir Putin para introducir diésel ruso en Estados Unidos ha desatado críticas entre gobiernos de la Unión Europea y, al mismo tiempo, reabierto el debate sobre una contradicción todavía presente en la política energética del bloque: Europa continúa comprando determinados recursos energéticos a Rusia pese a las sanciones y a su estrategia para reducir los ingresos de Moscú.
El pacto anunciado por Trump contempla la liberación inmediata de 300,000 toneladas de diésel ruso hacia Estados Unidos y el mercado internacional, otras 500,000 toneladas durante noviembre y volúmenes adicionales posteriormente.
Para facilitar esas operaciones, Washington autorizó temporalmente determinadas transacciones vinculadas al diésel ruso hasta abril de 2027.
La decisión supone un cambio importante respecto a la política estadounidense aplicada desde la invasión rusa de Ucrania y ha provocado cuestionamientos no solo en Europa y Kiev, sino también entre legisladores estadounidenses de ambos partidos.
Europa critica el acuerdo de Trump
La alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, afirmó que Europa continuará aumentando la presión sobre Rusia pese a la nueva posición adoptada por Washington.
Ministros de Exteriores de Suecia, Lituania e Irlanda también cuestionaron la medida al considerar que puede proporcionar mayores ingresos a Moscú y debilitar la coordinación transatlántica en torno a las sanciones.
La posición europea parte de la tesis de que los ingresos procedentes de las exportaciones energéticas constituyen una fuente relevante de financiamiento para la economía rusa y, por extensión, para su capacidad de sostener la guerra en Ucrania.
Sin embargo, Washington y Moscú han respondido señalando que la Unión Europea todavía mantiene operaciones energéticas con Rusia.
Europa todavía compra energía rusa
Los datos oficiales confirman que Rusia no ha desaparecido completamente del mercado energético europeo.
Durante el segundo trimestre de 2026, el 17.3 % del gas natural licuado (GNL) importado por la Unión Europea procedió de Rusia, situándola como segundo proveedor detrás de Estados Unidos, que concentró el 63.2 %.
En el caso del gas transportado por tuberías, Rusia representó alrededor del 10.2 % de las importaciones europeas durante ese mismo trimestre. Noruega encabezó ampliamente ese mercado con 51.2 %, seguida de Argelia y Reino Unido.
Esto demuestra que el bloque todavía recibe gas ruso, aunque la situación es muy diferente a la existente antes de la guerra.
Dependencia rusa cayó de 45 % a 12 %
Antes de la invasión de Ucrania, Rusia era el principal abastecedor energético de numerosos países europeos.
En 2021, aproximadamente 45 % del gas importado por la UE procedía de Rusia.
Esa participación cayó hasta alrededor del 12 % en 2025, según la Comisión Europea. Las importaciones rusas de petróleo también descendieron desde aproximadamente 27 % a comienzos de 2022 hasta cerca del 2 %, mientras las compras de carbón ruso fueron eliminadas mediante sanciones.
Datos más recientes de Eurostat muestran que la participación rusa en las importaciones europeas de petróleo había descendido hasta aproximadamente 0.8 % durante el primer trimestre de 2026.
Estados Unidos, Noruega y Kazajistán se han convertido en proveedores mucho más importantes de petróleo para Europa.
Por tanto, aunque la UE todavía compra recursos energéticos rusos, su nivel de dependencia es considerablemente menor al existente antes de febrero de 2022.
Moscú dice haber vendido US$21,300 millones en 2026
El vice primer ministro ruso Alexánder Novak afirmó este martes que Rusia suministró recursos energéticos a Europa por aproximadamente US$21,300 millones durante los primeros nueve meses de 2026.
Novak sostuvo además que, según cálculos del Ministerio de Energía ruso, las exportaciones energéticas hacia países de la Unión Europea desde 2022 totalizarían aproximadamente US$320,700 millones.
Estas cantidades corresponden a cifras proporcionadas por el Gobierno ruso y deben distinguirse de las estadísticas de Eurostat, que utilizan categorías y metodologías específicas para petróleo, productos derivados y gas.
Moscú utiliza esos datos para argumentar que existe una contradicción entre las críticas europeas al acuerdo Trump-Putin y las compras que algunos Estados miembros continúan realizando.
Washington acusa a Europa de doble rasero
Trump también ha respondido a las críticas europeas señalando que el bloque ha transferido grandes cantidades de dinero a Rusia por adquisiciones energéticas desde el inicio de la guerra.
Funcionarios de su administración han empleado ese argumento para defender el acuerdo sobre el diésel ruso.
Sin embargo, comparar las compras acumuladas europeas desde 2022 con el nuevo acuerdo estadounidense requiere contexto: la UE ha ido reduciendo progresivamente las importaciones rusas y actualmente mantiene una legislación destinada a eliminarlas, mientras el acuerdo de Washington representa una flexibilización reciente de restricciones previamente impuestas.
Además, especialistas consultados por medios estadounidenses han cuestionado cuánto podrá reducir los precios del diésel en Estados Unidos el volumen pactado con Moscú.
UE tiene calendario para eliminar el gas ruso
La Unión Europea convirtió en legislación durante 2026 parte de su estrategia REPowerEU para terminar con la dependencia energética de Rusia.
El calendario contempla eliminar las importaciones de gas natural licuado ruso durante 2026 y terminar progresivamente con el gas ruso transportado mediante tuberías a más tardar en noviembre de 2027.
Desde marzo de 2026 ya comenzaron a aplicarse restricciones a nuevos contratos rusos de GNL y gas por tubería.
El petróleo ruso también ha perdido gran parte de su participación en el mercado comunitario y Bruselas mantiene como objetivo eliminar los volúmenes restantes.
Europa sigue dependiendo de energía importada, pero no principalmente de Rusia
Una distinción importante es que Europa continúa teniendo una fuerte dependencia energética del exterior, pero esa dependencia ya no está concentrada principalmente en Rusia.
En 2024, las importaciones netas representaban alrededor del 57.3 % de la energía disponible en la UE. Sin embargo, Estados Unidos, Noruega, Argelia, Kazajistán y otros productores han sustituido una parte importante de los suministros rusos.
En el segundo trimestre de 2026, Estados Unidos fue el principal proveedor europeo tanto de petróleo como de GNL, mientras Noruega dominó ampliamente las ventas de gas por tuberías.
Esto ha reducido el peso de Moscú, pero también ha obligado al bloque a reconfigurar rápidamente sus cadenas de suministro, con consecuencias sobre precios, infraestructura y seguridad energética.
El debate vuelve al centro de la política energética
El acuerdo Trump-Putin ha puesto nuevamente en evidencia las dificultades de utilizar la energía como instrumento de presión geopolítica en momentos de elevados precios internacionales y alta demanda.
Europa puede señalar que ha reducido significativamente su dependencia de Rusia y que avanza hacia la eliminación de las compras restantes.
Al mismo tiempo, Washington y Moscú pueden señalar correctamente que esas importaciones todavía no han llegado a cero.
La discusión, por tanto, no se limita a determinar si Europa sigue comprando energía rusa —porque los datos demuestran que sí—, sino a medir cuánto ha reducido esas compras, qué productos continúan llegando y cuándo podrá prescindir completamente de ellos.
El contraste será aún más relevante durante los próximos meses, cuando la Unión Europea deberá avanzar con su calendario para eliminar el GNL ruso mientras Estados Unidos comienza a implementar su controvertido acuerdo para recibir diésel de Moscú.










