Washington/Beijing.– China comienza a ganar protagonismo como posible actor diplomático capaz de facilitar una salida a la guerra entre Estados Unidos e Irán, en momentos en que el conflicto entra en su octavo mes, persisten las tensiones en el estrecho de Ormuz y las consecuencias energéticas se extienden mucho más allá de Oriente Medio.
La posibilidad fue planteada este fin de semana por Trita Parsi y Thomas R. Pickering, del Quincy Institute for Responsible Statecraft, quienes consideran que Pekín dispone de una combinación de influencia económica y diplomática sobre Teherán y Washington que actualmente no tienen otros mediadores regionales.
La propuesta es, por ahora, un análisis sobre una posible vía diplomática y no una mediación formalmente anunciada por China, Estados Unidos o Irán.
Guerra entra en su octavo mes
El conflicto comenzó el 28 de febrero de 2026, con ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, y continúa más de siete meses después sin un acuerdo definitivo.
Associated Press informó este domingo que la guerra ya se encuentra en su octavo mes, mientras Washington y Teherán siguen sin alcanzar una solución que cierre el conflicto.
Las hostilidades han afectado bases militares, instalaciones energéticas, navegación comercial y diferentes puntos de Oriente Medio.
El estrecho de Ormuz, una de las principales rutas mundiales para el transporte de petróleo y gas, continúa siendo uno de los puntos más sensibles.
Trump rechazó reciente propuesta iraní
Las perspectivas diplomáticas siguen siendo inciertas.
El presidente estadounidense Donald Trump rechazó recientemente una nueva propuesta presentada por Irán al considerar que no era suficiente y dejó abierta la posibilidad de reanudar operaciones militares de mayor intensidad después de las elecciones legislativas estadounidenses del 3 de noviembre.
Irán, por su parte, ha dicho que mantiene disposición para negociar, aunque también ha advertido que responderá ante nuevos ataques contra su territorio o sus intereses.
Esta combinación de contactos diplomáticos y amenazas militares mantiene abierto tanto el camino de la negociación como el riesgo de una nueva escalada.
China pide volver a las negociaciones
Pekín ha adoptado públicamente una posición favorable al diálogo.
El ministro chino de Exteriores, Wang Yi, pidió el 16 de septiembre a Estados Unidos e Irán actuar con moderación, retomar el entendimiento provisional alcanzado anteriormente y regresar a “consultas sustantivas”.
China también pidió medidas para restablecer la navegación por el estrecho de Ormuz y evitar que el conflicto se extienda aún más hacia Yemen y el mar Rojo.
La postura muestra que Pekín tiene razones económicas y estratégicas para evitar una expansión de las hostilidades.
Xi pidió a los BRICS contribuir a la paz
El presidente chino, Xi Jinping, también abordó públicamente el conflicto durante la cumbre de los BRICS celebrada en Nueva Delhi el 12 de septiembre.
Xi pidió al bloque asumir un papel de pacificación en Oriente Medio y afirmó que China trabajaría con otros miembros para promover ese objetivo.
El mandatario sostuvo que la continuación de la guerra no responde a los intereses de la comunidad internacional.
Esas declaraciones constituyen una de las señales más claras de que Pekín contempla un papel diplomático más activo, aunque todavía no equivalen a una propuesta formal de mediación entre Washington y Teherán.
China ya está presionando diplomáticamente a Irán
La participación china no se ha limitado a declaraciones públicas.
Reuters informó en septiembre que Pekín pidió privadamente a Teherán utilizar su influencia sobre los hutíes de Yemen para reducir los ataques que amenazan instalaciones y rutas energéticas de Arabia Saudita.
La gestión se produjo después de una solicitud saudí y reflejó la preocupación china por una expansión del conflicto hacia el estrecho de Bab el Mandeb.
China depende fuertemente de los suministros energéticos de Oriente Medio.
Antes de las actuales restricciones, las compras chinas representaban más del 80 % de las exportaciones marítimas de petróleo iraní durante 2025, con un promedio cercano a 1.4 millones de barriles diarios, de acuerdo con datos de Kpler citados por Reuters.
Ormuz sigue siendo una pieza clave
El estrecho de Ormuz concentra buena parte de las preocupaciones.
Antes de la guerra, alrededor de una quinta parte del petróleo y gas natural licuado comercializado mundialmente transitaba por esa ruta.
Aunque los productores de Oriente Medio han encontrado mecanismos alternativos y parte del flujo de crudo se ha recuperado, el transporte sigue expuesto a interrupciones y riesgos de seguridad.
Reuters informó que Irán había pasado cerca de siete semanas sin realizar exportaciones significativas de petróleo a través del estrecho después de que Estados Unidos restableciera su bloqueo el 14 de julio.
Petróleo vuelve a superar los US$100
Las consecuencias se reflejan también en los mercados.
El Brent volvió a cotizar por encima de US$100 por barril, mientras los precios del diésel y otros productos refinados enfrentan fuertes presiones por las alteraciones en Oriente Medio.
El problema no se limita al crudo.
La circulación de productos refinados a través de Ormuz continúa muy por debajo de los niveles previos a la guerra, contribuyendo al encarecimiento internacional del diésel.
La situación ha llevado al G7 a acordar la liberación de hasta 100 millones de barriles de petróleo y derivados de sus reservas estratégicas, con una salida acelerada de diésel durante los primeros días de la operación.
China ha ayudado a contener el impacto energético
China tiene además una capacidad particular para influir en el mercado energético mundial.
Associated Press informó que la reducción de las importaciones chinas de petróleo y el uso de las grandes reservas acumuladas por Pekín contribuyeron a impedir que los precios alcanzaran los escenarios más extremos previstos cuando comenzó la guerra.
El análisis del Quincy Institute sostiene que esa capacidad tendría límites si una nueva fase del conflicto comenzara a destruir directamente instalaciones petroleras y de gas en la región.
Una interrupción simultánea de Ormuz y Bab el Mandeb podría generar consecuencias considerablemente mayores para China y para la economía global.
China tiene un precedente: Irán y Arabia Saudita
Pekín ya cuenta con experiencia reciente como mediador en Oriente Medio.
En marzo de 2023, Irán y Arabia Saudita acordaron restablecer sus relaciones diplomáticas después de negociaciones celebradas en Beijing con mediación china.
Ambos países decidieron reabrir sus embajadas después de siete años de ruptura diplomática.
El acuerdo consolidó a China como un actor diplomático con capacidad para mantener relaciones simultáneas con gobiernos enfrentados dentro de la región.
Sin embargo, una negociación entre Estados Unidos e Irán sería considerablemente más compleja debido a que Washington considera a China un competidor estratégico global.
¿Qué podría proponer Pekín?
Parsi y Pickering plantean que China podría utilizar su influencia para presentar una propuesta de compromiso que permita reabrir las conversaciones.
Entre los elementos sugeridos por los autores figuran:
- Un alto el fuego regional permanente.
- La reapertura estable del estrecho de Ormuz.
- El levantamiento del bloqueo estadounidense contra Irán.
- Negociaciones específicas sobre el programa nuclear iraní.
- Mecanismos de garantías para asegurar el cumplimiento de cualquier eventual acuerdo.
Los autores proponen utilizar como base tanto entendimientos alcanzados durante 2026 como elementos del acuerdo nuclear internacional de 2015.
Estas ideas corresponden a la propuesta de los analistas y no constituyen actualmente un plan oficial del Gobierno chino.
Pekín tiene influencia, pero también límites
China dispone de importantes relaciones comerciales con Irán, Arabia Saudita y otros países del Golfo, mientras mantiene al mismo tiempo una relación económica estratégica con Estados Unidos.
Ese posicionamiento le proporciona canales que otros mediadores no necesariamente poseen.
Sin embargo, Washington y Pekín mantienen diferencias significativas en comercio, tecnología y seguridad internacional, lo que podría dificultar que Estados Unidos acepte a China como garante de un eventual acuerdo.
Tampoco existe garantía de que Teherán acepte todas las condiciones que pudiera plantear Beijing.
Una oportunidad diplomática, no una solución asegurada
Por ahora, la posibilidad de una mediación china debe entenderse como una opción diplomática emergente, no como una solución ya negociada.
Lo que sí está confirmado es que China ha pedido moderación, ha reclamado el regreso a las conversaciones, ha ejercido presión diplomática relacionada con el conflicto y tiene fuertes incentivos económicos para evitar una escalada regional.
La interrogante ahora es si Pekín está dispuesto a transformar esa influencia en una mediación directa y, sobre todo, si Estados Unidos e Irán aceptarían otorgarle ese papel.
Con la guerra entrando en su octavo mes y el mercado energético todavía bajo presión, el margen para una solución negociada continúa siendo uno de los elementos más importantes a observar en las próximas semanas.











