MOSCÚ.– Rusia busca consolidar su posición en el mercado internacional de la energía nuclear mediante proyectos que van más allá de la construcción de centrales e incluyen suministro de combustible, capacitación de personal, mantenimiento, transferencia tecnológica y desarrollo de nuevas generaciones de reactores.
En el centro de esa estrategia se encuentra Rosatom, la corporación estatal rusa que participa en distintas etapas del ciclo nuclear y mantiene proyectos de construcción y cooperación en varios países.
La expansión ocurre en momentos en que la energía nuclear vuelve a ganar espacio en la planificación energética mundial. Datos del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) registraban en 2026 más de 400 reactores en funcionamiento y decenas de nuevas unidades en construcción.
Rosatom mantiene una amplia cartera internacional
Las cifras más recientes disponibles requieren una precisión frente a datos utilizados en años anteriores.
Al cierre de 2024, Rosatom informó que su cartera internacional comprendía 33 grandes unidades nucleares y seis unidades pequeñas en 10 países, con 22 reactores en siete países en etapa de construcción. La cifra de 33 unidades en 12 países que todavía aparece en algunas publicaciones corresponde a una cartera de años anteriores.
La corporación también presta servicios de mantenimiento y asistencia técnica a reactores de diseño ruso en el extranjero, además de formar personal para centrales en países como Bangladés, Turquía, Egipto y Hungría.
Rosatom presenta esta modalidad como una oferta integral: no se limita a levantar una planta, sino que puede intervenir en el suministro de uranio, fabricación de combustible, capacitación, mantenimiento y gestión de distintas fases del ciclo de vida de una instalación nuclear.
Egipto avanza con una central de 4,800 megavatios
Uno de los principales proyectos de Rusia en África es la central nuclear El Dabaa, situada en la costa mediterránea de Egipto.
La instalación contará con cuatro reactores VVER-1200, para una capacidad conjunta de aproximadamente 4,800 megavatios eléctricos. Según estimaciones difundidas sobre el proyecto, una vez completada podría representar hasta alrededor del 10 % de la capacidad de generación eléctrica egipcia.
La construcción continúa avanzando y en 2026 el proyecto movilizaba a más de 25,000 trabajadores, de acuerdo con informaciones vinculadas a su desarrollo.
Para Egipto, la central supone una apuesta por diversificar su matriz eléctrica y reducir la exposición a las fluctuaciones de los combustibles fósiles. Para Rusia, representa uno de sus proyectos nucleares internacionales de mayor escala.
Bangladés se acerca a generar energía nuclear
En Bangladés, la central de Rooppur también avanzó de forma significativa durante 2026.
La primera unidad recibió su licencia de operación en abril y posteriormente completó la carga de 163 conjuntos de combustible nuclear, un paso previo a las pruebas necesarias para comenzar la generación eléctrica.
La instalación tendrá dos reactores VVER-1200 y una capacidad total aproximada de 2,400 megavatios.
El proyecto adquiere relevancia para un país que ha enfrentado problemas de suministro eléctrico y dependencia del gas y de combustibles importados. Las autoridades bangladesíes han presentado la energía nuclear como una herramienta para fortalecer la seguridad energética y apoyar la industrialización.
Turquía y China también figuran entre las prioridades
Rosatom espera avanzar durante 2026 en la puesta en marcha de unidades en Turquía, Bangladés y China.
Su director general, Alexéi Lijachov, señaló a comienzos de año que la corporación aspiraba a iniciar cuatro unidades fuera de Rusia durante 2026: la primera de Akkuyu, en Turquía; la primera de Rooppur, en Bangladés; y dos unidades en proyectos chinos.
Akkuyu es la primera central nuclear de Turquía y contempla cuatro reactores VVER-1200. Su desarrollo también ha estado condicionado por dificultades logísticas y sanciones relacionadas con Rusia, según informaciones del sector nuclear internacional.
Rusia conserva liderazgo en enriquecimiento de uranio
La influencia de Rosatom no depende únicamente de la construcción de reactores.
La propia corporación reportó para 2025 que mantiene el primer lugar mundial en servicios de enriquecimiento de uranio, además de ocupar posiciones relevantes en producción de uranio y fabricación de combustible nuclear.
En su informe correspondiente a 2024, Rosatom estimaba su participación en el mercado mundial de enriquecimiento en alrededor del 39 %, aunque esta cifra procede de cálculos de la propia compañía.
Esta posición convierte al combustible y a los servicios asociados en otro componente estratégico de la presencia internacional rusa.
Reactores pequeños y centrales flotantes
Rusia también participa en la carrera tecnológica por los reactores modulares pequeños (SMR).
El país opera desde 2020 la planta nuclear flotante Akademik Lomonosov, equipada con dos reactores de 35 megavatios cada uno. El OIEA la identifica, junto con el reactor modular HTR-PM de China, entre las primeras experiencias comerciales de esta nueva generación de instalaciones.
Rosatom también desarrolla reactores rápidos y tecnologías vinculadas con ciclos de combustible que buscan reutilizar materiales nucleares y reducir la cantidad de residuos de larga duración.
La apuesta por la “soberanía tecnológica”
La estrategia rusa también incorpora un componente político e industrial.
Lijachov ha señalado que Rosatom pretende ayudar a sus socios a desarrollar capacidades científicas, regulatorias, industriales y de formación profesional. La empresa define ese proceso como la construcción de “soberanía tecnológica”.
Sin embargo, ese concepto responde a la visión estratégica de la corporación rusa. Para los países receptores, los proyectos nucleares también plantean interrogantes sobre financiamiento, dependencia tecnológica, gestión de residuos, seguridad, mantenimiento a largo plazo y suministro de combustible.
Por ello, el impacto de este modelo no depende únicamente de la construcción de un reactor, sino de las condiciones financieras, regulatorias y tecnológicas pactadas en cada país.
La creciente cartera internacional de Rosatom muestra cómo la energía nuclear se ha convertido, además de una fuente de electricidad, en un instrumento de cooperación económica, transferencia tecnológica y proyección geopolítica para Rusia.










