Las manifestaciones, convocadas por el movimiento de los Chalecos Amarillos junto a estudiantes y sindicalistas, desbordaron los límites de la protesta pacífica cuando grupos de manifestantes enmascarados comenzaron a atacar comercios, monumentos y sedes administrativas en múltiples puntos del territorio francés.
En París, las fuerzas del orden desplegaron gases lacrimógenos y cañones de agua para contener a los manifestantes, quienes respondieron con proyectiles y fuegos artificiales. Decenas de comercios fueron saqueados y algunos monumentos vandalizados, mientras se instalaban barricadas en varios barrios de la capital.
Daños sin precedentes en el centro de París
El alcalde del distrito centro de París, Ariel Weil, confesó a BMF haber «presenciado escenas de saqueo como nunca antes había visto durante los fines de semana» de las manifestaciones de los Chalecos Amarillos. «Los daños y los saqueos van a ser muy graves», advirtió el funcionario.
Grupos de manifestantes marcharon hacia el Palacio del Elíseo, sede de la Presidencia francesa, mientras la policía antidisturbios mantenía la zona acordonada con barricadas. En otro punto emblemático, un manifestante trepó a la estatua de Juana de Arco, y el monumento a la República apareció con un chaleco amarillo colocado por los protestantes.
Ciudades en llamas: del ayuntamiento de Limoges a Marsella
Los disturbios se extendieron a Nantes, Saint-Étienne, Niza, Burdeos, Marsella, Lyon, Lille y Limoges. En Burdeos, los manifestantes atacaron la residencia del prefecto. En Marsella, segunda ciudad del país, irrumpieron en el ayuntamiento, derribaron un busto y destrozaron el mobiliario antes de ser desalojados por la policía.
En Lyon, jóvenes enmascarados incendiaron una oficina de turismo, mientras que en Lille la multitud vandalizó las instalaciones de la alcaldía. En Limoges, los manifestantes incendiaron el ayuntamiento, un edificio histórico construido en 1876; pese a los esfuerzos de los bomberos, gran parte de la estructura se derrumbó horas después del inicio del incendio.
Reclamos estudiantiles y el regreso de los Chalecos Amarillos
Las demandas de los estudiantes de secundaria por mejores condiciones educativas —más aulas y más docentes— confluyeron con el descontento generalizado por el aumento del costo de la vida, dando forma a una movilización que los organizadores cuantificaron en 800,000 participantes a nivel nacional. El ministro del Interior, Laurent Nuñez, cifró la asistencia en 550,000 personas, incluyendo 110,000 en París.
La movilización coincide con llamados en redes sociales para reactivar el movimiento de los Chalecos Amarillos, surgido en 2018 contra el alza de impuestos a los combustibles bajo el gobierno de Emmanuel Macron.
Gobierno anuncia procesamiento de los responsables
El presidente Macron advirtió que quienes hayan cometido actos de vandalismo, atacado oficinas administrativas o comercios, o saqueado bienes públicos «serán procesados y castigados». El primer ministro Sébastien Lecornu condenó la «violencia de extrema intensidad» registrada durante la jornada y confirmó cerca de 1,200 detenidos y más de 150 policías heridos.
Los disturbios profundizan la incertidumbre política en Francia, que se prepara para celebrar elecciones dentro de seis meses con miras a reemplazar al presidente Macron. La magnitud de los daños a la propiedad pública y privada, calificada por funcionarios locales como sin precedentes recientes, plantea un serio desafío al gobierno en un contexto de alta tensión social.

















