Mientras el país fortalece sus estadísticas migratorias, persiste la duda sobre si realmente se están usando para tomar decisiones públicas.
En República Dominicana, la migración se ha convertido en uno de los temas más debatidos, más sensibles… y también más distorsionados.
Mientras el Estado anuncia avances en la producción de estadísticas migratorias, con apoyo de organismos internacionales, surge una pregunta inevitable: ¿realmente se están utilizando esos datos para tomar decisiones?
Datos hay, pero ¿se usan?
El país no parte de cero. Existen estudios, encuestas y registros oficiales que permiten entender, con cierto nivel de precisión, la dinámica migratoria.
Sin embargo, en el debate público predominan cifras no verificadas, percepciones generalizadas y discursos cargados de emoción.
La consecuencia es clara: se discute mucho, pero se analiza poco.
La política de la percepción
En temas migratorios, la percepción suele pesar más que la evidencia.
Y eso no es casual. La migración toca fibras profundas: identidad, economía, seguridad, empleo. Es un terreno fértil para discursos políticos que simplifican una realidad compleja.
El problema es que cuando las decisiones públicas se basan más en presión social que en datos, el resultado suele ser ineficiente… o incluso contraproducente.
El riesgo de decidir sin evidencia
Sin estadísticas confiables —y, sobre todo, sin su uso efectivo—, las políticas migratorias corren el riesgo de fallar en su objetivo.
Se pueden tomar medidas que no respondan a la realidad, que no impacten donde deben o que generen efectos no previstos.
Y en un tema tan delicado, los errores se pagan caro: en tensiones sociales, en economía y en gobernabilidad.
Más que producir datos, hay que usarlos
El esfuerzo de instituciones como la ONE, junto al UNFPA y la Unión Europea, es importante. Fortalecer la producción de estadísticas es un paso necesario.
Pero no suficiente.
El verdadero desafío es otro: que esos datos sean el punto de partida de las decisiones públicas, no un elemento secundario que se ignora cuando no conviene.
¿Estamos listos para un debate serio?
El país necesita elevar el nivel del debate migratorio.
Pasar de la percepción a la evidencia. De la reacción a la planificación. Del discurso a la política pública efectiva.
Porque al final, la diferencia entre una gestión migratoria eficiente y una improvisada no está en lo que se dice… sino en los datos que se utilizan para decidir.
















