El Gobierno de Rusia cuestionó este viernes la decisión de la Unión Europea de descartar por completo la compra de gas ruso, advirtiendo que esta medida podría tener consecuencias económicas negativas para el bloque.
El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, afirmó que Europa “se dispara en el pie” al mantener su rechazo a los recursos energéticos provenientes de Rusia, incluso ante posibles escenarios de escasez.
Críticas a la política energética europea
Las declaraciones surgen luego de que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, reiterara que los países miembros no retomarán la importación de gas ruso bajo ninguna circunstancia.
Peskov sostuvo que esta decisión no solo afecta a los gobiernos europeos, sino también a sus ciudadanos, al advertir que los votantes podrían castigar estas políticas en el futuro.
Impacto en la economía y la industria
Según Moscú, la ruptura con el gas ruso —históricamente más económico— ha obligado a Europa a sustituirlo por gas natural licuado (GNL) procedente de Estados Unidos, lo que ha incrementado significativamente los costos energéticos.
Este cambio, sumado a la actual tensión geopolítica en Oriente Medio, ha generado presiones sobre los precios de la energía, afectando tanto a hogares como a empresas, y provocando cierres industriales y pérdida de empleos en algunos sectores.
Aumento de precios y tensión global
La situación se ha agravado en los últimos días tras un ataque a infraestructuras energéticas en Catar, lo que ha elevado la preocupación sobre el suministro global.
Como resultado, los futuros del gas natural en Europa registraron un incremento de hasta un 35 %, reflejando la incertidumbre en los mercados energéticos internacionales.
Un escenario energético complejo
El enfrentamiento entre Rusia y Europa en materia energética continúa marcando la dinámica económica global, en un contexto donde la seguridad del suministro y los costos se han convertido en factores clave.
Mientras la Unión Europea apuesta por diversificar sus fuentes de energía, Moscú insiste en que la exclusión del gas ruso podría debilitar la competitividad económica del bloque en el corto y mediano plazo.










